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Cuando nos enfrentamos a un nuevo reto profesional, una nueva oportunidad o acontece una situación en la que tenemos que tomar decisiones importantes, el miedo a no tomar la decisión más acertada se apodera de nosotros. Convirtiendo a la situación en compleja e incluso agónica, si se lleva a hasta determinados límites.

Cuando pasa el chaparrón, es decir, una vez que hemos tomado la decisión que creíamos a priori como la más acertada, y nos hemos ‘acomodado’ a la nueva situación, nos damos cuenta de que ni era tan grande el lobo ni tendríamos que haber tenido miedo.

Esta sensación, que con independencia de que se radicalice más o menos, es un común denominador para todos los mortales, y por tanto mucho más natural de lo que nos pensamos, fundamentado en que sin pretenderlo el ser humano tiende a conformarse con su estado presente, desconfiando sobre cualquier otro estado, sobre todo si su decisión comporta grandes riesgos.

Si pensamos con perspectiva en algunas de las situaciones de este tipo que se nos hayan podido presentar, el número de aciertos supera ampliamente al de errores, lo que hace que debamos aprender de ello, consiguiendo ser un poco menos aversos al riesgo en una época recesiva de la economía en la que se suceden más rápidamente los acontecimientos. ¿Creen ustedes que el miedo es un lastre para el progreso?

En Pymes y Autónomos | ¿Has vencido el miedo al ridículo antes de emprender?
Imagen | mikelopoulos

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