Insultar a un empleado sí que es motivo de despido disciplinario

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Si hace unos meses hablábamos de sentencias en las que se consideraban como despidos improcedentes aquellos desencadenados por insultos hacia los superiores con apelativos tan cariñosos como “ladrón” o “hijo de puta” ahora nos encontramos con un caso contrario si los insultos son pronunciados por el jefe.

De esta manera, si una responsable llama a una empleada “niñata de mierda“ puede ser objeto de un despido procedente por motivos disciplinarios pero no si sucede al contrario.

Esta curiosa consecuencia legal viene por una sentencia del Tribunal Superior Canario que considera, con toda la razón del mundo, que la posición de poder jerárquico de un jefe le obliga a mantener el buen ambiente laboral.

Además, se añade que no hace falta que se trate de una conducta reiterada sino que es suficiente con un hecho puntual de modo que no es extraño que muchos responsables puedan entender esta sentencia como injusta pues les deja en una posición bastante débil ante una confrontación verbal, que por otro lado no debería suceder (por supuesto).

Basta con un hecho aislado si es lo suficientemente grave

Vamos a ponernos en antecedentes. Estamos en una clínica estética de Canarias y una empleada entra en la consulta para avisar a su superior de que había un paciente en la sala de espera que aseguraba tener prisa para volver al trabajo y deseaba ser atendido.

La respuesta que recibió fue que le dijera que si tenía prisa podía regresar otro día tras lo cual la trabajadora fue a transmitir el mensaje. Repentinamente su responsable salió y delante del cliente le dijo: “tú no eres nadie para decirme que tengo que pasar una consulta. Eres una niñata de mierda. Me dan ganas de pegarte dos tortas”.

Evidentemente ahora podemos entender la falta de profesionalidad, el nivel de amenaza y el contexto en el que se encontraba el insulto. Se trata de una situación muy grave desde un punto de vista profesional e irrespetuosa desde el personal.

Ante esta actitud la trabajadora comunicó el suceso a la dirección general y estos concretaron el despido disciplinario de la responsable por utilizar su puesto para increpar a la trabajadora.

La responsable, lejos de asumir la decisión, recurrió a los tribunales y aunque el Juzgado de lo Social le dio la razón finalmente el Tribunal Superior de Justicia de Canarias ha fallado a favor de la empresa. Consideran que si la ofensa es lo suficientemente grave resulta suficiente para este tipo de despido.

La actitud mostrada se considera impropia del puesto pues tiene la obligación de mantener las formas y el buen ambiente con los trabajadores. En este caso parece bastante claro pero ¿qué pasaría si un empleado tuviera una pelea de insultos con un responsable? ¿ambos pueden ser despedidos disciplinariamente de forma procedente?

A raíz de las anteriores sentencias parece que no. Se reconoce que el responsable debe mantener el ambiente y el respeto mutuo pero parece que el subordinado no tiene tal obligación…

Más información | El Economista
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Imagen | Bark

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