
Antes de empezar este artículo quiero despejar todas las dudas respecto a mi intención, que no es en ningún caso polemizar sobre la naturaleza de las diferentes posiciones políticas ni entrar en cuestiones éticas. Me gustaría hacer una reflexión sobre el mundo de las empresas y el mercado laboral, sin más.
En muchos casos escuchamos hablar sobre el derecho al trabajo y creo que se produce una pequeña confusión, pues aunque todos las personas merecen una vida digna y unos derechos laborales justos, el puesto de trabajo no deja de ser una silla de mi empresa que quiero cubrir con el profesional más válido. Por tanto, a efectos prácticos el puesto no representa una posesión del empleado, sino una relación bilateral en la que el trabajador no puede ejercer sus derechos sin el empleador.





Todos conocemos alguna empresa familiar, que pasa de padres a hijos, que se hace más o menos grande, y que funciona sin ningún problema, por lo que no supone ningún problema que los hijos formen parte de una empresa fundada por el padre o el abuelo, no es ningún error confiar a los hijos el futuro de la empresa, al menos a priori.
