
Si hace unos meses hablábamos de sentencias en las que se consideraban como despidos improcedentes aquellos desencadenados por insultos hacia los superiores con apelativos tan cariñosos como “ladrón” o “hijo de puta” ahora nos encontramos con un caso contrario si los insultos son pronunciados por el jefe.
De esta manera, si una responsable llama a una empleada “niñata de mierda“ puede ser objeto de un despido procedente por motivos disciplinarios pero no si sucede al contrario.
Esta curiosa consecuencia legal viene por una sentencia del Tribunal Superior Canario que considera, con toda la razón del mundo, que la posición de poder jerárquico de un jefe le obliga a mantener el buen ambiente laboral.
Además, se añade que no hace falta que se trate de una conducta reiterada sino que es suficiente con un hecho puntual de modo que no es extraño que muchos responsables puedan entender esta sentencia como injusta pues les deja en una posición bastante débil ante una confrontación verbal, que por otro lado no debería suceder (por supuesto).



