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Versiones de prueba, sí, pero con cuidado

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El otro día hablábamos de Loïc Le Meur y sus consejos para emprendedores. Uno de ellos (de los consejos) decía lo siguiente:

No pierdas el tiempo en estudios de mercado y lanza la versión de prueba tan pronto como te sea posible. Ve mejorando el producto después de lanzarlo

Lo cual en mi opinión está bien como guía general pero, como todo, hay que hacerlo con mesura. Y es que es verdad que en muchas ocasiones nos obsesionamos con planes sobre el papel, intentando asegurar que luego, en la realidad, todo irá según esos planes. Algo que, como muy bien decía John Walker, nunca sucede. El comportamiento del mercado siempre nos va a sorprender, y como se suele decir, "lo mejor es enemigo de lo bueno" así que conviene cuanto antes que nuestro producto o servicio empiece a tener sus propias dosis de realidad.

Ahora bien, tampoco nos podemos olvidar de que una vez que nuestra idea sale de nuestros cerebros para seguir su propio camino, empezamos a perder el control sobre ella.

Los clientes, el entorno... empiezan a hacerse sus propias ideas, a tener su propia opinión, que también es relevante. "La primera impresión es la que cuenta" y por ello, aunque todos seamos conscientes de que esa primera idea tiene que evolucionar, es importante que lo que lancemos al público sea algo razonablemente sólido y atractivo. Pensemos que nos encontramos en un mundo de saturación de inputs, en el que es difícil llamar la atención. Por lo tanto, si el mercado va a darte una oportunidad, hay que aprovecharla.

Segundo punto, hay que tener en cuenta que esa falta de control también afectal al dimensionamiento. Una vez que el planteamiento llega al mercado, no sabemos cómo va a reaccionar. Cabe la posibilidad de que tengamos un gran éxito. Y debemos tener activados los mecanismos de flexibilidad necesarios para ser capaces, en un momento dado, de responder a las demandas del mercado por el mismo motivo anterior: el mercado difícilmente nos va a dar una segunda oportunidad. Y conste que hablo de flexibilidad: es decir, de la capacidad necesaria para adaptarse al tirón del mercado si hace falta, pero también la capacidad de no cargarnos innecesariamente de estructura y costes si no la hace. Difícil pero necesario equilibrio.

Por último, si adoptamos esta estrategia de salir cuanto antes al mercado, debemos recordar que es con un fin fundamental: hacer evolucionar nuestra idea de negocio. Y para ello es fundamental la interacción con los clientes. Debemos fomentar que el mercado nos dé sus opiniones, debemos establecer las vías necesarias y suficientes para captar esa retroalimentación, para tratarla e incorporarla de forma ágil a la evolución de nuestro producto o servicio. Y agradecer a quienes se toman la molestia de hacerlo. Si no lo hacemos, estaremos desperdiciando nuestra oportunidad.

Así que sí, lanzar cuanto antes nuestra idea al mercado es una estrategia interesante. Pero sólo si lo que lanzamos es razonablemente sólido, si tenemos capacidad para adaptarnos a la reacción del mercado y ponemos en marcha los mecanismos para nutrirnos de dicha reacción.

Foto | Looking Glass

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