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La universidad no forma emprendedores

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Según un estudio de la Cátedra ATA de trabajo autónomo de la Universidad de Cádiz, el 50% de los universitarios entrevistados quieren convertirse en funcionarios cuando terminen sus estudios. Frente a esta cifra, sólo 2 de cada diez considerarían la posibilidad de montar su propia empresa o trabajar como autónomos.

¿Alguien se sorprende aún al ver estos datos? Personalmente, ya estoy cansado de este tipo de estudios. Sobre todo, cuando más de uno los utiliza para culpar de la falta de emprendedores en España a la universidad.

Si hay una institución en nuestro país que necesite modernizarse, esa es la universidad. Sin embargo, uno de los aspectos en los que sí ha hecho sus deberes es en la formación de emprendedores. En la mayoría de titulaciones actuales (y no hablamos ya de los grados que están al caer), se incluyen asignaturas sobre economía o gestión de empresas. Del mismo modo, se organizan un gran número de actividades formativas (conferencias, charlas, seminarios, cursos, etc.) dirigidos a estimular el espíritu emprendedor. Un buen ejemplo de esto es la actividad de la Cátedra Bancaja para emprendedores. Por tanto, si la universidad hace su trabajo ¿quién tiene la culpa?

Podemos citar a varios culpables. El primero es la Administración. Nuestro sistema fiscal no favorece precisamente la creación de empresas. A pesar de las subvenciones existentes y los incentivos a la contratación, lo que necesitan los emprendedores no es bonitas palabras, sino hechos como la devolución rápida del IVA o un sistema más flexible para no ahogar a los empresarios antes de que despeguen. Un buen ejemplo son las cuotas sociales de los autónomos (¿para cuándo cuotas asociadas a los beneficios obtenidos en lugar de una cuota fija?).

En segundo lugar, el mercado privado se ha cargado, literalmente, el valor de la formación superior de cara a la inserción laboral. El único lugar en el que muchas titulaciones siguen conservando su valor es la administración. Mientras tanto, las empresas pagan sueldos de personal no cualificado a licenciados con postgrados.

Por último, la falta de espíritu emprendedor es una cuestión social. En nuestro país, unos padres se sienten orgullosos si su hijo les comunica que ha aprobado unas oposiciones, mientras que se llevan las manos a la cabeza cuando les dicen que van a montar un negociete.

Podríamos seguir analizando las causas del fallo de la implantación de la cultura del emprendedor en nuestro país. De hecho, sería muy positivo que la patronal, los sindicatos y la administración se pusieran, de una vez por todas, a desarrollar medidas para animar a la población a que ponga en marcha sus iniciativas. Sin embargo, parece que es más fácil buscar cabezas de turno (la universidad, la crisis, el contubernio masónico-marxista) en lugar de arrimar al hombro.

Vía | Euribor.com.es En Pymes y Autónomos | 10 lecciones vitales para emprendedores, ¿Qué necesito para emprender? Imagen | stevecadman

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