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El valor del patrocinio

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Cuando escuchamos hablar de patrocinadores a la mayoría de nosotros se nos viene a la mente la imagen de una gran empresa patrocinando un gran evento deportivo, cultural o de cualquier otra índole que tenga un elevado publico, sin en muchas ocasiones caer en la cuenta de que nosotros con nuestra empresa, por muy pequeña que esta sea, somos patrocinadores en potencia, y que podemos obtener un gran retorno (y no solo económico) de lo invertido.

Evidentemente según nuestro tamaño no podremos abarcar grandes eventos internacionales o lujosos ni espectaculares conclaves que se celebren en nuestro territorio, ¿pero quien dijo que no podamos ser patrocinadores muy importantes de eventos que se produzcan en nuestro entorno más cercano?, por entorno más cercano podemos referirnos a muchos ámbitos y ocasiones, pero podemos pensar en patrocinar equipos deportivos, eventos culturales, festivales, fiestas populares que se produzcan en nuestro barrio o ciudad.

Y podríamos pensar que igual no tiene interés paras nosotros invertir en espectáculos o eventos deportivos de poca monta, de barrio, de nuestros vecinos, y puede que en muchos casos sea así, todo dependerá de nuestra vinculación con el entorno y de nuestra exposición publica, es decir, evidentemente no será lo mismo si somos propietarios de una empresa industrial que puede no tener ningún contacto con el barrio donde esta ubicada la fabrica (aunque en este caso serán interesantes los eventos potenciales donde se encuentren o asistan nuestros potenciales clientes), que un comercio de barrio que si vive de algo precisamente es de ese contacto con los vecinos.

Visto esto podemos decir que el patrocinio seamos del ámbito que seamos puede servirnos para “acercarnos al pueblo” y esa importancia ira in crescendo a medida que aumenta nuestra exposición “al pueblo”, pero cuidado, tenemos que tener una regla de oro muy presente para evitar que un patrocinio en lugar de beneficioso no se torne perjudicial, esa regla no es otra que patrocinar algo que sea noble, autentico, simpático y que sea acorde a nuestros valores, de los contrario podemos lograr el efecto contrario al deseado, podemos lograr que se nos asocie con algo negativo.

Si tenemos presente todo lo anterior y decidimos patrocinar solo nos falta desear una cosa más (que será más aplicable según lo que decidamos patrocinar), ese deseo no será otro que el de que el evento tenga el auge y el éxito mayor posible, lógicamente a mayor éxito de nuestro patrocinado, mayor éxito del patrocinador. Pero sea como sea y sin contar con el factor exponencial del éxito de un determinado evento, un patrocinio bien llevado siempre nos será rentable, en términos económicos y también sociales y de imagen, que por supuesto redundaran en otra vez beneficios económicos.

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