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Atención con el cliente que quiere pagar con suscriptores

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Hace unos años escribí sobre los clientes chantajistas, un perfil que se dedicaba a amenazar a dueños de hoteles y casas rurales con redactar una mala crítica sobre su negocio si no le hacían un descuento o directamente le regalaban la estancia.

En 2012 no se hablaba tanto de los influencers ni de Instagram. Ni tan siquiera entraba en la cabeza de un empresario pagar a una persona sin conocimientos sobre cocina por hacerse una fotografía en él. El tema de pagar a un famoso por hacer publicidad era y es otro asunto.

Por un puñado de likes

De este tipo de ofertas no se libran los negocios más pequeños. Siempre habrá un aspirante a influencer o que sienta que ya lo es por tener un número determinado de seguidores.

Lo cual es un peligro si tenemos en cuenta que muchos de estos "influyentes prescriptores" no están asociados con el público objetivo de la empresa a la que creen hacerle un favor.

Aparecer en una cuenta de Instagram o en un canal de YouTube de una persona que ha enfocado su cuenta a la moda o a la cosmética y que de repente siente una gran pasión por los buenos restaurantes, los coches de alta gama, o se ha encaprichado de los dulces que sirven en una nueva cafetería de su ciudad, no son tan rentables como ellos creen.

Una inversión sin retorno

Las redes sociales son un arma de doble filo. Por un lado, están esos clientes reales que dejan sus comentarios tras haber probado un servicio o producto. Todo son palabras bonitas y positivas. Y por otra parte, están quienes asocian popularidad con beneficio para ambos.

Pero visto desde el pragmatismo: ¿Compensa invitar a una buena cena, o dejar que consuman hasta el infinito y más allá a una persona que como respaldo sólo tiene likes?

¿Esos seguidores van a venir hasta nuestro negocio? ¿Comprarán nuestro producto?

Su estrategia suele ser burda, enviar correos a marcas y PEDIR. Sin más. ¿Qué recibe la empresa a cambio? El "honor" de aparecer en un artículo de su blog o en una fotografía "nada forzada" en su cuenta de Instagram.

De hecho, este tipo de influencers comienzan a generar rechazo entre los clientes. ¿Por qué ellos no pagan y yo sí? ¿Qué tienen de especial? ¿Seguidores?

El problema estriba en que lo mismo te anuncian de manera nada subliminal unos zapatos, unas brochas para maquillarte o las bondades del restaurante del centro de la ciudad en la que viven.

Caer o no en ese juego

En manos de cada empresario está si quiere regalar su trabajo a cambio de una publicidad que no ofrece muchas garantías de éxito. La libertad está de su lado. Si no le importa que un desconocido le pida una suma desproporcionada por hacer unas fotos de su local o de sus productos, adelante.

Somos de la época en la que vivimos. Y la picaresca ha existido y existe desde que apareció el Lazarillo de Tormes aunque venga disfrazado con gafas polarizadas y un móvil gigante.

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Imagen|Rawpixel

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