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Yo, el emperador

Yo, el emperador
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Estoy convencido de que este artículo mío hará las delicias de todos aquellos que se han mostrado disconformes en otras ocasiones con motivo de artículos míos en los que trataba de la jerarquía de poder o incluso de la forma de administrar el poder, incluso en un reciente artículo mío se debatió con los usuarios Chowdon, Bajavoluntuaria y demás participantes si es posible dar como responsables de un grupo de personas “caramelos” sin que los trabajadores de base te arranquen la mano, veámoslo.

Huelga decir que lo ideal sería vivir en un mundo de colores, con directivos súper, súper mega, mega “híper enrollados” y con trabajadores muy, muy responsables y aplicados, que obedientes nunca se aprovecharían de las magnas intenciones de su superior, pero como eso solo sucede en el mundo de los dibujos animados y de otras realidades psicodélicas, o bajo el influjo de algún tipo de sustancias, cabe decir que ni todos los directivos saben administrar el poder, ni muchos empleados saben asumir la responsabilidad, por ello en muchas ocasiones debe imponerse un cierto “orden y mando”.

“Orden y mando” no significa ni maltratar, ni tratar con métodos dictatoriales, no, ni mucho menos, incluso si es posible ese “orden y mando” debe de aplicarse bajo el prisma de que quien lo aplica lo aplica bajo desde un prisma de autoridad, que no de poder, que es bien distinto, pero en ultimo caso siempre tiene que quedar constancia de quien tiene la autoridad, o el poder, en caso de ausencia de la primera.

¿Eso es amenazar al trabajador?, no, ¿eso es dar una de cal y una de arena?, por supuesto que tampoco, eso significa saber administrar la responsabilidad de dirigir, sin que nadie que no tenga atribuciones para ello se las atribuya o utilice las técnicas de la dirección para eludir sus responsabilidades o actuar abusivamente.

Resumiendo, no soy partidario del palo y la zanahoria, hay que administrar zanahorias, siempre y cuando el conejo no te arranque la mano, de lo contrario escopetazo al conejo.

En Pymes y Autónomos | La compenetración en los equipos de trabajo
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