Para implantar el teletrabajo y que funcione hay que replantear la cultura de muchas empresas
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Para implantar el teletrabajo y que funcione hay que replantear la cultura de muchas empresas

HOY SE HABLA DE

La realidad del trabajo desde casa antes de la crisis del COVID-19 se traduce en que en España apenas un 4% de empleados lo utilizaban de forma habitual, ya fuera siempre o de forma esporádica o como recurso para conciliar. Las últimas cifras después del confinamiento elevan este porcentaje al 40%, muchos de ellos obligados. Y por eso para implantar el teletrabajo y que funcione hay que replantear la cultura de muchas empresas.

Porque una de las principales razones, más allá de cuestiones técnicas, por las que no ha funcionado o por la que muchos han acabado quemados y echando más horas trabajando desde casa que en la oficina es llevarse a casa los hábitos y rutinas ineficaces que se producen en el día a día de muchas empresas. Si en nuestra empresa tenemos muchas reuniones, en estos casos el número de videoconferencias se ha disparado hasta el infinito y más allá.

Trasladar rutinas ineficaces de la oficina al teletrabajo lo convierte en un infierno

Lo malo es que en muchos casos son totalmente ineficaces. Y una pérdida de tiempo, donde los empleados están, pero se dan cuenta que tienen no les aporta nada y cuando acaban se encuentran que su trabajo sigue ahí encima de la mesa y no acaban de tener las directrices claras para llevarlo a cabo.

Las compañías mejor organizadas han salido airosas de experimento global del teletrabajo

Las compañías que tienen una mejor organización interna sufren menos con el teletrabajo. Cada uno tiene claro cuál es su tarea. Simplemente tienen que ejecutarlas y los mandos intermedios se encargan de la coordinación, de la distribución y de resolver dudas y problemas que puedan surgir para que los empleados puedan dedicar su tiempo a lo que son realmente productivos.

La comunicación es básica. Y aquí si es cierto que se necesita una buena herramienta, que en muchos casos ya se encuentra implantada en la oficina y en otros simplemente se ha tenido que improvisar. El correo no sirve para una comunicación más rápida y directa.

El teletrabajador es un vago

La consideración de que en casa no se trabaja ha cambiado también. Cuando son los propios responsables de las empresas los que han tenido que hacerlo, los que han visto como sus empleados están disponibles y han sacado el trabajo adelante en circunstancias muy difíciles, sin necesidad de estar todo el día controlando encima de ellos...

También la conciliación, puesto que muchos han trabajado en casa con hijos a cargo. Y no es una solución perfecta, ni la mejor manera de conciliar, pero ayuda a resolver ciertas cuestiones. Además en estos casos el compromiso del trabajador aumenta, ya que siente que la empresa le ayuda a resolver sus problemas y se responsabiliza de cumplir con sus obligaciones en mayor medida.

La nube es tu alidada

Por último el acceso a la información es básico. Muchas organizaciones se han dado cuenta de que el trabajo a distancia es más fácil si están en la nube. La resistencia que hasta ahora tenían para dar este salto ha cambiado. Y no me refiero solo a programas e información también infraestructuras. La centralita en la nube supone un antes y un después en el día a día si trabajamos fuera de la oficina.

Y algunos han visto por aquí ciertos ahorros que podrían lograr. No me refiero a espacio de oficina, sino en la inversión a realizar y rentabilizar puesto que la nube nos da más flexibilidad, pudiendo habilitar un puesto de trabajo justo cuando lo necesitamos, sin necesidad de hacer inversiones a futuro por si mañana crecemos. Podrían ser más, pero todo esto ha quedado en el aire con la ley del teletrabajo que prepara el Gobierno. Veremos cómo se regula y en qué acaba si al final supone un impulso o un freno.

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