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En traje y patinete

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La semana pasada visité la feria internacional del libro que este año se celebraba en Barcelona, la feria profesional Liber 2010. Pero más allá de entrar aquí en consideraciones sobre esa feria o sobre el sector en concreto del libro, quiero utilizar la visión de los dos mundos empresariales (y personales) actuales, “el tradicional” y “el moderno” que en esa feria se podían diferenciar perfectamente.

Probablemente el sector del libro es uno de los sectores que esta viviendo una mayor revolución, probablemente al mismo nivel que la revolución que vivió la música hace tan solo unos pocos años y que ha transformado el panorama de la industria por completo. Pero lo que quiero especialmente remarcar no es el cambio del sector, quiero remarcar el cambio de modelo de profesional y de formato y estilo de las empresas.

En la feria se podían contemplar nítidamente dos realidades: una, la de los dinosaurios, editoriales “de toda” la vida que solo con “olerlas”, solo con pasear por su stand ya veías que formaban parte de la hornada del siglo pasado. Y las otras, las modernas, empresas y personas distintas, coloridas, informales, y en las que se respiraba la sabia nueva, ¿y cual es la mejor?, no hay empresa ni estilo mejor, hay la realidad y la empresa y el profesional se tiene que adaptar a ella.

Me hizo gracia pues por un lado se veía a los típicos trajeados del puro, la copa y el llamarle “nena” a la secretaria, y por el otro se veía a un chico en pantalones cortos, al que en un stand daba una charla como director creativo de no se que compañía. La sensación al ver a los primeros era oler, no se, como a pasado, como a naftalina, y sin ninguna duda los veías como anacrónicos y que están en el final de una etapa. Y al segundo lo veías como (aun algo extraño) pero como lo “bueno”, lo real, lo que llega.

¿Entonces eso significa que el problema esta en el traje?, no ni mucho menos, yo por ejemplo soy una persona que adora a los trajes, siempre he vestido con traje y corbata, me encanta, y me gustan los complementos, y los caprichos más digamos de la vieja escuela. Pero el problema no está en el traje, está en como llevamos el traje, me explico:

Sinceramente creo que no se trata de ser formal o informal, se trata de ser estructural e interiormente tal y como demanda nuestro entorno de hoy en día para ser competitivos: flexibles en las formas y en los fondos como profesionales., digitales, internacionales, y adaptables empresarialmente.

Soy partidario de la formalidad cuando hay que ser formales, pero también de la informalidad más absoluta cuando debemos serlo. Es decir, veo fatal ir a según que reuniones o que encuentros sin corbata, y a la vez entiendo que en la actualidad según el cargo que desempeñemos o bien a que nos dediquemos podemos trabajar perfectamente en pantalones cortos y que lo extraño incluso puede ser lo contrario. Lo que marcará nuestro éxito en este entorno actual, no es el ser híper modernos e ir en patinete o viceversa, llegar con el pelo engominado a la reunión, la clave del éxito estará en ser los dos a la vez. Y adaptarnos a cada momento, a cada situación.

Yo no creo que vaya a desaparecer ningún vestuario concreto, creo que simplemente se hará flexible, y cada caso será un mundo. Lo que realmente marcará la diferencia es saber ser digitales, saber ser internacionales, y el saber ser capaces de adaptarnos permanentemente a lo que los cambios bruscos que vivimos nos imponen. Y eso nada tiene que ver con ideologías sociales o nacionales, unos tendremos unas y otros otras, pero todos deberemos reunir estos requisitos si queremos estar en el ruedo, e incluso en el ruedo las formas y los estilos de unos y otros se entremezclarán, se difuminarán.

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