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El síndrome del pato cojo en la empresa

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Habréis notado que últimamente me ha dado por posts en los que hablo de fenonemos psicológicos y su aplicación en las pymes: que si el efecto Pigmalión, que si el síndrome de Diógenes, etc. Hoy, continuando en dicha linea, le toca el turno a un curioso fenómeno que mezcla componentes políticos y psicológicos: el síndrome del pato cojo.

Si mis fuentes no me fallan, fue el columnista William Safire el que acuñó el termino en relación con un interesante efecto que observaba en los Presidentes norteamericanos que no podían optar por una posterior reelección, que estaban en su último mandato. Pues bien, William observaba en los presidentes no reelegibles una perdida evidente de poder, ya que el resto de políticos subordinados se reorientaban en función de los intereses de los previsibles sucesores. Por tanto, la política del pato cojo, como se denominaba a estos presidentes, carecía de una gran dosis de influencia. Ello, no no sólo no era óbice , sino que fomentaba conductas adanistas por parte de los mismos, a sabiendas de que no iban a ser castigados electoralmente. Digamos que se mostraban tal como eran. Muy originales, vaya. Alguno dirá, ¿y esto tienen una aplicación empresarial? Pues si, lo corroboro.

En el mundo de la empresa también se da este fenómeno. Me refiero a ese empresario que ha anunciado su salida de los puestos de gestión pero aún le queda uno o dos añitos por delante, de ese gestor que esta preparando su salida y es voz pública, mientras se elige al sucesor, etc. Hablo de situaciones de clara interinidad, transitorias, y que se alargan en el tiempo más allá de lo prudencial (uno o incluso dos años).

Muchas veces te encuentras con que dichas prácticas se escudan en no adoptar medidas drásticas, improvisadas, en planificar, etc…entre nosotros, en general me suenan a excusas. Soy un claro defensor de que los cambios de responsabilidades se deben acometer del modo más rápido y ágil posible. Este tipo de regencias temporales lo único a lo que suelen conducir es a dañar la organización. Pocas veces sus efectos positivos pesan más que los negativos.

Y es que pensemos en toda esa corte de colaboradores, proveedores, clientes, que no tiene claro quien y de que modo asumirá el mando. Pensemos en como se dedican más al pasilleo que a la gestión., No olvidemos como el que se va puede asumir decisiones trascendentales sumamente arriesgadas a sabiendas de difícilmente tendrán consecuencias para el, y que se le limitar a recoger beneficios a corto sin soportar cargas a largo. Vamos, que todos conocemos patos cojos en nuestras empresas. La gran diferencia es que, frente a su homologo político, aquí la pervivencia de los patos cojos no depende de un cuerpo legal. Aprovechémoslo para que el pato cojo sea un personaje lo más fugaz posible.

Más información | cambio21
Imagen | Thomas Hawk

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