¿Se puede frenar a la marea? Ahora es el caso de Uber el que nos dice que no

¿Se puede frenar a la marea? Ahora es el caso de Uber el que nos dice que no
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Son muchos, muchos, muchos, los casos de los modelos tradicionales de negocio que se han visto afectados por los cambios introducidos por el uso de las nuevas tecnologías. Tanto por lo que supone el uso de internet como por las nuevas costumbres asociadas a éste se han venido produciendo transformaciones en la oferta de productos, de servicios o de medios para acceder a ellos que resultan imparables. Más allá del caso evidente del ecommerce, tenemos ejemplos como Spotify que han supuesto una auténtica revolución y han puesto a temblar los cimientos de grandes industrias que se han opuesto a ese cambio, pero que inevitablemente se han de adaptar a ésta y en esta situación tenemos ahora al sector del taxi con aplicaciones como Uber.

Uber es una aplicación para móviles que permite a sus usuarios compartir vehículo para sus desplazamientos. El uso de ésta ha puesto en guardia a los taxistas ya que se denuncia que aprovechando esta situación se está creando un servicio de transporte pirata que les hace la competencia y daña notablemente sus actividad.

Desde hace semanas se han intensificado las protestas por parte del sector, lo que ha provocado que la propia Unión Europea haya tomado cartas en el asundo y resuelto que no se puede prohibir el uso de este tipo de aplicaciones y que, en todo caso, lo que se podrá perseguir es el uso que se hace de ella si ésto genera fraude, al existir usuarios que cobran por utilizar sus vehículos para esos desplazamientos y que no declaran esta actividad, disponen de licencia para realizarla, ni tributan por los beneficios obtenidos.

Nos encontramos, en estos casos, con dos aspectos diferentes. Por un lado la persecución de las actividades fraudulentas, aspecto en el que lógicamente los taxistas tienen razón porque en estos casos la competencia desleal es evidente, y por otro el hecho de que ellos puedan perder ingresos porque los usuarios de la aplicación se pongan de acuerdo para hacer un desplazamiento juntos y compartir gastos.

En este segundo punto puede resultar lógico que muchos usuarios del taxi acaben recurriendo a esta aplicación u otra similar por motivos económicos y que eso repercuta en la economía del sector. Sin embargo, y pese a estas quejas, se antoja difícil luchar contra el uso de estas aplicaciones en éste y otros muchos ámbitos.

Ya ha habido casos en este mismo sector que han sabido aprovechar estas nuevas funcionalidades de internet y las redes para mejorar su servicio y ese debe ser el ejemplo a seguir. La experiencia en otras ocasiones nos dice que ese ha de ser el camino, enfrentándose a la marea solo se consigue acabar arrastrado por la misma.

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