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Las hipotecas inversas como complemento de la jubilación ¿en qué consisten y por qué son tan polémicas?

Las hipotecas inversas como complemento de la jubilación ¿en qué consisten y por qué son tan polémicas?
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Que las pensiones son más bien exiguas en nuestro país es algo que no se le escapa a nadie. En el caso de los autónomos, la situación es todavía más sangrante, ya que su cuantía es aproximadamente un 40% inferior a la de los asalariados.

Ante esta situación, el Banco de España ha propuesto incentivar el retraso en la edad de jubilación y complementar la pensión con otras fórmulas financieras. Entre ellas, destaca la hipoteca inversa, una alternativa poco conocida en España y que, sin embargo, está muy de moda en otros países europeos.

La hipoteca inversa es una operación financiera diseñada para personas mayores de 65 años a través de la cual se puede obtener dinero por la vivienda en propiedad sin perder su titularidad. El Banco de España lo define como un crédito o préstamo garantizado con una hipoteca que recae sobre la vivienda habitual.

Dicho de otro modo, consiste en hipotecar una vivienda de nuestra propiedad para obtener liquidez y de este modo poder complementar la pensión de jubilación. En España, esta figura está regulada en la Ley 41/2007. Cualquier entidad financiera puede ofrecer una hipoteca inversa, y el mercado es cada vez más creciente en España.

¿Por qué no terminan de despegar las hipotecas inversas?

A pesar de todo, las hipotecas inversas no han pasado de ser un instrumento más bien residual entre los mayores de 65 años en la última década. En 2017 se constituyeron en España apenas 31 préstamos de este tipo, según el Consejo General del Notariado, y el resto de años el número de hipotecas inversas es muy similar.

Además de que la mayoría de personas desconocen el funcionamiento de una hipoteca inversa, nuestra cultura explica en cierto modo el porqué un producto de este tipo no terminen de despegar. En España viven 8,8 millones de personas con edad igual o superior a 65 años, de los cuales el 89% ostenta la propiedad de una vivienda, según datos del INE.

La vivienda es, por tanto, el principal vehículo de ahorro e inversión de las familias españolas. En este sentido, la mayoría de expertos sostienen que el factor cultural es el que más peso tiene. La mayoría de personas, después de su fallecimiento, no quiere dejar una vivienda con cargas y obligar a sus herederos a asumir la deuda contraída.

A ello se le suma la pobre oferta existente por parte de las entidades financieras y su nula transparencia. Son productos a los que todavía les falta mucho recorrido y desarrollo para ser considerados verdaderos instrumentos para complementar la jubilación.

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