El crecimiento del número de prestaciones asociadas a los trabajadores con contratos fijos discontinuos ha puesto, por enésima vez, el foco sobre los efectos de la reforma laboral.
En los nueve primeros meses del año, el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) ha tramitado más de medio millón de expedientes de este tipo, una cifra que, aunque ligeramente inferior a la del ejercicio anterior, duplica la registrada antes del cambio legislativo.
Lejos de reflejar un incremento del desempleo real, estas cifras evidencian un cambio de calado en la estructura del mercado laboral.
La sustitución progresiva de los contratos temporales por fijos discontinuos ha generado un nuevo patrón de actividad e inactividad que, aunque mejora la estabilidad formal, está alterando de forma significativa las estadísticas de prestaciones.
¿Por qué se ha duplicado el número de prestaciones tramitadas?
Entre enero y septiembre, el SEPE contabilizó 245.754 altas iniciales de prestaciones de trabajadores fijos discontinuos y 324.410 reanudaciones, hasta alcanzar un total de 570.164.
Aunque representan un 2,3% menos que en el mismo periodo del año anterior, el aumento respecto a 2019 es del 114%, lo que confirma una transformación estructural.
Esto no se debe a un aumento proporcional del paro, sino a la ampliación del colectivo cubierto por esta figura. Estos trabajadores no figuran como desempleados registrados, ya que mantienen una relación laboral activa con la empresa, pero tienen derecho a prestación durante los periodos de inactividad.
En otras palabras, no son parados en sentido estadístico, pero sí perciben ayudas del sistema de desempleo, lo que engrosa el número de expedientes gestionados por el SEPE.
El impacto en el gasto en subsidios
Tanto la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) como el Banco de España han estimado que el gasto global en subsidios y prestaciones contributivas ha aumentado entre un 30% y un 35% interanual, impulsado en parte por el peso creciente de los fijos discontinuos y por el incremento de las cotizaciones.
Aunque el gasto total no se ha duplicado, sí se ha producido un repunte sostenido en la proporción de ayudas destinadas a este colectivo. En 2019, los trabajadores en esta situación representaban el 7,7% de quienes cobraban una prestación; en 2025 ya suponen el 11%.
O lo que es lo mismo, uno de cada diez beneficiarios del sistema no está en paro, sino a la espera de ser llamado de nuevo por su empresa.
¿Cómo ha influido la reforma laboral en esta tendencia?
La reforma laboral de 2021 incentivó el uso del contrato fijo discontinuo como alternativa a la contratación temporal. El objetivo era reducir la rotación y ofrecer más estabilidad. Sin embargo, en la práctica ha creado un tipo de relación laboral híbrida: los trabajadores no están despedidos, pero tampoco activos todo el año.
Este modelo ha ampliado el acceso a la protección por desempleo sin que necesariamente haya aumentado el número de parados. Muchos empleados de sectores como el turismo, la hostelería o los servicios externalizados ahora tienen un contrato fijo discontinuo, lo que les permite solicitar prestación cada vez que su empresa suspende la actividad.
El resultado es una mayor rotación en las altas y bajas de las prestaciones, con trabajadores que pueden pasar por varios periodos de cobro en un mismo año.
Así ha cambiado el perfil de estos trabajadores
Antes de la reforma, los fijos discontinuos estaban ligados casi exclusivamente a actividades estacionales, como las campañas agrícolas o las temporadas turísticas. Hoy, en cambio, esta modalidad se extiende a nuevos ámbitos, incluyendo logística, educación o servicios de atención al cliente.
Los periodos de actividad tienden a ser más cortos, lo que provoca que los derechos a la prestación se agoten antes.
En consecuencia, los trabajadores deben generar nuevos periodos de cotización para acceder a otra ayuda, lo que explica el aumento de las altas iniciales frente a las reanudaciones. En 2019, las primeras sumaban algo más de 105.000; en 2025 superan las 245.000, un crecimiento del 133%.
Lo que hay detrás de los datos más recientes del SEPE
Solo en septiembre se produjeron más de 49.000 altas o reanudaciones de prestaciones, el nivel más alto desde que existen registros comparables.
Sin embargo, el número medio de beneficiarios efectivos en el mes fue de 88.000 personas, cifra que asciende a 129.650 en promedio durante 2025. Aunque los expedientes son más, la mayoría de las prestaciones se concentran en periodos breves.
La volatilidad es tal que resulta difícil calcular el número real de trabajadores que han pasado por la prestación. Algunos contratos se suspenden y reanudan varias veces al año, y en el caso de los gestionados por empresas de trabajo temporal las rotaciones pueden multiplicarse.
Además, los que rechazan reincorporarse sin causa justificada pierden el derecho a la ayuda, lo que añade complejidad al seguimiento estadístico.
Por tanto, ¿ha mejorado realmente su protección por desempleo?
El volumen de expedientes podría hacer pensar en una cobertura más amplia, pero los datos indican lo contrario. Aunque la reforma amplió el acceso a subsidios ordinarios, estos ya no se distinguen claramente en las estadísticas, lo que dificulta valorar la calidad de la protección.
En 2019 se registraron casi 57.000 ayudas asistenciales ligadas a fijos discontinuos, mientras que en 2025 apenas se contabilizan 127. Este desplome se debe, en parte, a que las nuevas modalidades de subsidio integran a estos trabajadores dentro de los beneficiarios comunes, diluyendo su peso estadístico.
Aun así, la ratio de beneficiarios sobre demandantes ha descendido: en 2019 era del 13%, hoy ronda el 11%.
El Ministerio de Trabajo no publica el número exacto de fijos discontinuos inactivos inscritos en las oficinas de empleo, alegando que la competencia corresponde a las comunidades autónomas. Sin embargo, el propio Anuario de Estadísticas Laborales incluye estimaciones de este colectivo, aunque con un año de retraso.
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