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¿Reconoces al moroso profesional?

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En España la morosidad tiene tradición. Dicen los sociólogos que tiene su origen en la picaresca del siglo XVI, de cuando el oro circulaba a raudales y la gente se estrujaba el ingenio para hacerse con él. Precisamente por eso, porque el oro circulaba en las altas esferas y era la gente de a pie la que realizaba los timos, nunca se ha visto con demasiados malos ojos a estos personajes.

Pero todo estas historias de ricos desplumados por timadores ingeniosos y sin recursos son casos puntuales convertidos en leyenda. Los ricos o las multinacionales tienen un montón de mecanismos y recursos para minimizar el riesgo de impagos, lo cual no sucede con las PYMES y muchos menos con las de reciente creación, las cuales además suelen ser muy generosas con el plazo de concesión de crédito en su empeño por ganar clientes.

Lo cierto es que hoy día, una de cada tres PYMES cierra por el retraso o impago de facturas. Y es que en España el plazo medio de cobro-pago ronda los 90 días entre las empresas privadas y llega hasta 180 en la administración pública, muy lejos de los países del norte donde los plazos son de 30 y 60 días respectivamente. Las empresas cazamorosos son una de las opciones más utilizadas para conseguir el pago de determinadas facturas pero sus servicios son caros, por lo menos en relación a lo que se puede permitir una PYME.

Sí, también están las listas negras, pero estos listados (que también son caros) no solo no son totalmente fiables (qué típico es figurar en ellos por haber sido misión imposible darse de baja en una compañía de telefonía móvil) sino que además su utilización roza la ilegalidad porque todos tenemos derecho a que no se revelen públicamente los datos de nuestras deudas.

Mejor prevenir que curar dice el refrán así que, de entrada, lo mejor y más económico es afinar el ojo clínico para reconocer a estos vividores profesionales. Este es su perfil: hombre, muy sociable, con nada a su nombre y aparentemente empresario. Cierto, mucha gente entra dentro de esta definición así que vamos a matizar estas características:

* Hombre. Más del 90% son hombres con estudios y muy buena presencia.

* Habilidad social. Suelen deslumbrar por su don de gentes, su empatía y su encanto personal.

* Insolvente. Nuestro hombre es alguien curtido en mil batallas y no será la primera vez que impaga. En consecuencia, lo normal es que no tenga nada a su nombre para que nada se le pueda embargar. Ciertamente, que no tenga propiedades a su nombre no quiere decir que vaya impagar pero es un dato muy revelador y muy sencillo de obtener. Basta con pedir una simple declaración de bienes en el Registro Civil. Si está casado, estará en régimen de separación de bienes.

* Empresario de pacotilla. Serían excelentes vendedores pero prefieren vivir del cuento. Cuidan los detalles al máximo, tarjetas de visita incluidas, pero no se ve por ningún lado el nombre de una empresa o un teléfono fijo.

Imagen | dalequedale

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