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Bueno, bonito, barato...

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El principal enemigo de las empresas dedicadas al sector inmobiliario son ellas mismas. Es inconcebible que a fecha de hoy se llame a una agencia inmobiliaria o una empresa promotora interesándose por un inmueble y le informen a uno del precio del mismo para acto seguido aclarar que ese precio goza de una rebaja del 10%.

Si continuamos la conversación, en un par de minutos más seremos testigos de otra rebaja adicional, y así sucesivamente hasta llegar al límite humanamente aceptable para el promotor o propietario de la finca en cuestión. Mi pregunta es ¿No podrían dar como precio de referencia ese límite aceptable para el promotor? ¿No sería mejor informar de la cantidad precisa que el propietario está dispuesto a aceptar como precio de venta sin necesidad de negociar?

Sinceramente, formar parte del noble arte del regateo respecto un bien que puede valer muchos miles de euros no es una buena solución para el mercado. Es un juego sólo apto para ludópatas o gente propensa al riesgo si de lo que se trata es de adquirir bienes de importante valor. Estaréis de acuerdo conmigo que un bien cuya característica principal es ser de inversión, no puede depender de ese factor.

Soy del parecer que puede ser más o menos divertido o aconsejable trapichear con un reloj o una cartera, ahora bien, negociar como se está haciendo a fecha de hoy el precio de un bien inmueble no deja de ser un despropósito. El principal error lo cometen las empresas del sector, pues si se limitaran a dar un precio definitivo, todo el mundo sabría si esa compra es o no adecuada o cabal, o si por el contrario y de manejar el citado arte, la hubiera cerrado a un precio mejor.

No veo correcto que en una llamada se consiga un 15% de descuento, en una negociación posterior otro 5% adicional, y que por un desaire o menosprecio parecido a un “hago ver que no me interesa” se pueda conseguir otro 10% añadido. Es una incongruencia en la que estamos inmersos y de la que son causantes tanto particulares como empresas y de la que creo que hay que salir inmediatamente. A raíz del razonamiento se me ocurre una máxima:

Si a la falta de confianza se le suma la falta de objetividad, la crisis está servida.

Seamos responsables y creíbles tanto en la fijación de los precios por parte de unos como en la provocadora oferta por parte de otros. Esto no puede ser un mercadillo, porque si lo convertimos en tal… eso es, ni más ni menos lo que obtendremos. Asia, Oriente medio o África son países que basan muchos de sus negocios en el regateo… nada más que decir, bueno sí, otra regla para ambas partes:

Hay que ser justo en los tratos.

Imagen | Galería de revenque en Flickr

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