
Me hace gracia muchas veces cuando escucho hablar a personas que hablan de cualquier producto o servicio sacralizando lo que se hacían décadas atrás, y esto es útil para todo lo existente en el mercado, pero muy especialmente es evidente si hablamos de temas textiles, alimentarios o automovilísticos. Y si este producto o servicio ya se prestaba en la época de nuestros tatarabuelos (como más años mejor) más tienden a sacralizarlo y decir con tono de haber perdido algo que entonces todo se hacia mejor.
Cuantas veces no hemos escuchado aquello de: “los tomates de entonces si que tenían sabor”, “el pan era otra cosa”, “o unos zapatos eran para siempre”. Decir eso y negar todo lo que hemos avanzado en los últimos años es renegar de la propia evolución, y además yo no estoy para nada de acuerdo que lo de antes siempre fuese mejor.


