
A lo largo de la vida de cualquier empresa, cualquier empresario lleva a cabo múltiples inversiones. Inversiones que bien revertirán en la misma empresa o bien inversiones que gracias a los beneficios que el empresario logra de esta empresa el mismo podrá realizar personalmente. En todas estas inversiones tengamos muy claro que lo único que importa es una cosa: el resultado final.
Y digo esto, pues en muchas ocasiones tendemos a demostrarnos demasiado eufóricos cuando en una inversión determinada ganamos, o bien al contrario extremadamente catastrofistas cuando una inversión va mal. Y al respecto, decir que lo importante no es la batalla, sino como acaba la guerra, lo importante no son los parciales, lo importante es el total. Lo importante es hacia donde se decanta al final la balanza.

Bueno, maticemos un poco no una empresa entera pero si una parte. Os cuento: La tienda de mi barrio de productos de alimentación y frutería, la tienda de Manolo para los vecinos de la zona, lleva funcionando unos seis años. El año pasado iba tan bien, que decidió ampliar un poco el negocio. Habilitó parte del almacén, mobiliario… Vamos detalles que no van al caso para lo que cuento. Manolo se gastó 15.000 € para llevar a cabo el invento y lo financió mediante