Desde el punto de vista empresarial, esta época de crisis obliga a tomar decisiones. Lo primero que pensamos en un momento así es en cómo soltar lastre, eliminar gasto para poder tener mayor holgura económica y sobrevivir a las dificultades. Evidentemente cuando ese recorte se hace sobre cosas superfluas no debe tener mayor incidencia y es positivo, pero debemos cuidar de no pasarnos con la tijera, el objetivo no es recortar sino ajustarnos a la nueva situación.
No debemos de perder el foco de que la supervivencia del negocio depende de su capacidad para desarrollar la actividad a la que nos dedicamos. No podemos tocar aquellos aspectos clave que debiliten esa actividad porque a largo plazo ese es el camino hacia la desaparición.




