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Para cualquier persona, tener que acercarse a una delegación de la Agencia Tributaria pued suponer un gran dolor de cabeza. Ya no sólo por el hecho de que el motivo de esa visita raras veces es por un motivo agradable, sino porque suele suponer un trasiego de ir de mostrador en mostrador, suba al piso tal, luego baje al cual y todo eso, en muchas ocasiones para no solucionar nada. Llega un momento en que uno coge complejo de pelota y va botando escaleras arriba, escaleras abajo. Esa sensación también la tenemos, en muchas ocasiones, los profesionales que nuestra labor, precisamente, se desarrolla en un contacto contínuo con Hacienda.
Porque en este tipo de situaciones, si uno no tiene conocimientos o experiencia en estas cuestiones, puede no darse cuenta, como lo hacemos los profesionales, de que poco menos que “te están tomendo el pelo”. El caso más claro es la descoordinación de los departamentos de Recaudación y de Gestión. En el momento en que te encuentras con un caso en el que toman parte ambos departamentos, nos convertimos en esa pelota, a un lado de la pista, Rafa Nadal (gestión), al otro Roger Federer (recaudación) la pelota va de un lado al otro de la pista, mientras los tenistas la golpean con fuerza y se la sacan de encima.
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