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Seguimos con la pandereta

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Había una vez un país en el que sus gobernantes, de todos los credos y colores parecían vivir en un mundo ideal, en un paraíso mental en el que parecía que ya solo quedaban ellos, y ante la acuciante y grave realidad que les acechaba, con la quiebra de miles y miles de empresas y la difícil supervivencia de muchas otras se atrevían a proclamar recetas y más recetas que (decían) solucionarían la situación, y se escondían detrás del supuesto valor de la marca país para salir de la crisis, nada más lejos de la realidad, pues esas empresas eran las españolas, ese país es España y esa realidad es la del año 2010.

Válgame decir que siempre he creído (como ya he dicho en otras ocasiones) que los ciclos económicos son cíclicos, así como cíclicos son los periodos de desarrollo de cada empresa y de cada sector, y que esos ciclos siempre existen y siempre existirán, y que las transformaciones de la sociedad (también de la empresarial) a lo largo de los años forma parte del ciclo mismo de la vida, pero la cosa cambia cuando vemos que las estructuras de un país y de sus empresas se sustentan sobre bases que para mi son nocivas o irreales.

Nos hablan de subir impuestos para poder ofrecer “servicios públicos de primera calidad”, aquí no voy a entrar a disertar sobre este tema, del cual ya he mencionado en muchas otras ocasiones mi posición completamente contraria a eso que dicen de impuestos para sufragar unos servicios que a mi entender no deberían existir, pero lo que me parece muy preocupante es que se quiera hacer para (vuelven a decir) equiparar a España con los países más avanzados de Europa, cuando probablemente el error empiece ahí, en equiparar algo no equiparable, equiparar una lancha a motor con un portaaviones.

En España hemos vivido unos quince años de fuerte crecimiento, las empresas eran boyantes y España se creyó eso del “milagro español”, sin tener en cuenta que esto no es el monasterio de Lourdes y que los milagros quedan reservados para los señores del Vaticano. España quiso creerse y se creyó (auto engañándose) eso de que era una de las principales potencias del mundo y de que era vista como el modelo a seguir por todo el mundo, de que España y sus empresas dejaban atrás la imagen de pandereta y se subían al carro de los lideres, hasta que se topo con la realidad y la carroza se volvió de nuevo calabaza.

No digo que España no haya avanzado en los últimos años mucho, ¿pero de donde venia España?, ¿de donde venia nuestra sociedad?, del furgón de cola, del ultimo vagón, y el “milagro” nos hizo creer que éramos los maquinistas, hasta que un día despertamos y vimos que nuestras empresas seguían siendo (puede que ya no el ultimo) pero un simple vagón más.

Y es que probablemente ese ha sido el principal problema de España y de la marca España, creerse que era aquello que no es y creerse que somos “Lo mejor del mundo”, cuando somos una parte más del mundo, quisimos dar lecciones y las lecciones nos las han dado a nosotros, quisimos liderar el mundo y el mundo casi tiene que venir a liderarnos, a rescatarnos a nosotros.

Por supuesto que España tiene recorrido y potencial de crecimiento faltaría más y nuestras empresas potencial de desarrollo y de expansión internacional, incluso en algunos casos de liderazgo, pero de ahí a creerse eso tan típico de los mediterráneos de que todo el mundo se muere de envidia del sol y de las playas típicas españolas o de nuestro jamón o de cualquier otra cosa “típica” española, no es más que alimentar el bulo de los supuestos mejores del mundo, ¿y que pasa cuando se alimenta ese bulo?, que el mundo si nos fijamos bien pasa de nosotros, ni somos su principal problema, ni su prioridad, ni (hacen bien) se mueren, ni se desviven por nosotros.

Cuando te piensas que por tener sol y playa ya eres el mejor, cuando te piensas que tu gastronomía es insuperable o que la siesta es un bien mundial y no te dedicas a generar una oferta de valor añadido, sucede que te quedas en la España del siglo pasado, de los años 50 o 60 y en pleno siglo XXI te vienen otros países con ofertas de sol y playa excelentes y mira por donde a menor precio, pues ahora ellos son más pobres que tu, ¿y tu donde te has quedado?, en tierra de nadie, pues ya ni eres suficientemente pobre para atraer al turismo barato, ni has desarrollado la calidad para ofrecer una oferta superior, y eso sucede por querer ser un marques cuando has nacido para obrero, ¿porque no competimos entonces en nuestro segmento, en el de los obreros?, o bien, ¿porque no cambiamos la mentalidad y somos auténticos marqueses?, ¿estamos preparados para avanzar?, lo dudo.

En Pymes y Autónomos | Marca España (II)
Imagen | antonioxalonso

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