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¿Quién es el responsable de una chapuza?

¿Quién es el responsable de una chapuza?
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Con más frecuencia de la que me gustaría, veo trabajos realizados por supuestos profesionales con un resultado lamentable. No me refiero a cuando aparece un fallo pequeño, ó dos, sino a las auténticas chapuzas que no hay por donde coger y que llegan a rayar el surrealismo. Sin ir más lejos esta semana padecí una chapuza en una instalación deportiva, que aprovecharé como ejemplo para ilustrar esta entrada.

La instalación en cuestión consta de 4 pistas de padel. Se cerraron usuarios durante 5 meses para acometer una serie de mejoras: Instalar focos de luz, una cubierta para poder jugar los días de lluvia, un sistema de apertura indivudual de cada pista y sustituir las rejas laterales por otras nuevas. El resultado de todas estas intervenciones ha sido peor que horroroso. Ni Pepe Gotera y Otilio hubieran firmado un trabajo así.

Viendo el calibre de la chapuza, me pregunté quién es el culpable y quién el responsable de todo esto. Vamos por partes:

  • Empresa que contrata el trabajo (el cliente): Ante la necesidad de ofrecer un mejor servicio a sus usuarios, decide remodelar sus pistas. Para ello, debe definir unas especificaciones y encargar el trabajo a otra empresa que sea especialista en este tipo de trabajos. Dado el tipo de actividad a realizar (construcción), es necesario un proyecto de ejecución firmado por un especialista. Es responsabilidad suya definir unas especificaciones correctas, así como aceptar la entrega de la obra (o rechazarla, según el caso).
  • Proyectista: Debe redactar un proyecto de ejecución de acuerdo con las especificaciones suministradas por el cliente. Si éste le pide que busque un sistema que evite el agua de la lluvia en la pista y otros elementos que distorsionen el juego (viento,...), tendrá que estudiar las posibilidades de que esto suceda y actuar en consecuencia. El problema a resolver tendrá diferentes soluciones y cada una tendrá su respectivo presupuesto. Entre sus responsabilidades es garantiizar que la construcción de lo proyectado es factible dentro del presupuesto marcado y que su diseño cumpla con los requisitos del cliente.
  • Constructor: Debe ejecutar la obra atendiendo a lo marcado por el proyecto de ejecución. Habrá trabajos variados: Eléctricos, albañilería, limpieza,...

En la teoría parece fácil llevar a cabo este pequeño proyecto, pero viendo el resultado de las actuaciones comentadas anteriormente, uno no sabe muy bien qué decir:

  • Entra agua en las pistas, con el consiguiente peligro para la integridad física de los jugadores.
  • La cubierta está amarrada a unos largueros que están demasiado bajos e interfieren en el juego, a la hora de lanzar la bola haciendo un 'globo'.
  • La luz de las pistas sólo se puede regular en tramos de 1 hora, cuando lo normal es jugar durante una hora y media.
  • Si una pelota sale de tu pista y cae en otra, no se puede recuperar porque el sistema no permite acceder y no se ha previsto una protección que lo impida.
  • Una vez inaugurada, las pistas están sucias, con restos de materiales utilizados durante la obra. Se patina al pisar sobre las zonas afectadas, con el consiguiente peligro para la integridad física de los jugadores.
  • Tiempo de sobra para haberlas tirado y hecho de nuevo unas 8 veces.

Viendo el resultado tan desastroso, no tardarán en llegar las reclamaciones. Ante semejante 'desfeita', no es de extrañar que la gente no se anime a jugar en ellas y opte por otras alternativas, evitando que ni siquiera se cumplan las previsiones más pesimistas de uso de las pistas y amortizar el importante esfuerzo realizado para costear su construcción. Ahora es cuando viene la pregunta del millón ¿De quién es la culpa? ¿Quién es el responsable? ¿El cliente? ¿El contratista? ¿El constructor? ¿Todos los anteriores? ¿Ninguno? ¿La mala suerte?

Mi opinión personal es que hacen falta más datos para emitir un juicio sobre la situación. Dependerá de lo que se haya contratado también. No es lo mismo contratar un trabajo, que contratar un resultado. En ambos casos, la situación es muy diferente. Lo que tengo claro es que se debe localizar al culpable y exigirle responsabilidades por sus errores. Retener facturas puede ser un buen estimulante para espabilar a un proveedor, aunque en situaciones en las que interviene más de uno, es habitual que se tiren los trastos a la cabeza unos a otros ¿Entra lluvia porque la cubierta está mal diseñada o porque está mal ejecutada? ¿La luz se regula en tramos de una hora atendiendo a unas erróneas especificaciones del cliente o porque se ha usado un sistema demasiado rígido, que impide programar tramos menores? ¿Quién tenía que haber limpiado la pista?...

El caso es ir tirando del hilo y depurar poco a poco responsabilidades. Si la responsabilidad está 'dentro de casa', ya es otra historia porque seguro que habrá quien intente taparlo o disimularlo para que no le corten la cabeza. Aunque esta estrategia de la avestruz, tarde o temprano tarda reventando. Lo que no puedo comprender de ninguna manera, es que alguien pague por algo cuando el resultado es una chapuza tan evidente. Sea en este caso o en cualquier otro sector, trabajo,... Ahora bien, como dice el refrán sarna con gusto, no pica. Si pagas un trabajo sabiendo que es una chapuza, después no te quejes.

¿Tú que opinas? ¿Qué harías si fueras un usuario de la pista?

Foto: Pepe Gotera y Otilio – Francisco Ibañez

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