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Experiencia sí, dinosaurios no

Experiencia sí, dinosaurios no
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En la vida gran parte de las cosas las aprendemos y las mejoramos a base de practicar y de practicar, de aciertos y de errores, de otramente dicho, las aprendemos y mejoramos a base de experiencia, y que la experiencia es un valor bien ya sea para nuestra vida personal, como para nuestra carrera profesional es una obviedad, pero hemos de tener muy presente y tener mucho cuidado con que ese valor no se convierta en un lastre, hemos de poner empeño en que la experiencia no nos convierta en dinosaurios.

Si un riesgo existe en la adquisición de experiencia ese es el de caer en la autocomplacencia, volvernos arcaicos, inmóviles y creernos que ya no nos queda nada por aprender, si eso sucede no solo haremos que el valor de la experiencia para nosotros y nuestras organizaciones se esfume, sino que correremos el grave riesgo de poner en propio riesgo el desarrollo (si hablamos a nivel profesional) de nuestras carreras y de la propia supervivencia de la empresa (si hablamos de la experiencia y del cumulo de experiencias adquiridas al servicio de la empresa).

¿Y porque se produce este riesgo?, ¿por egocentrismo?, ¿por endiosamiento?, ¿por perdida de reflejos y de capacidad de reacción?, probablemente por un cumulo de todos ellos, aunque más bien la perdida de reflejos y la pérdida de capacidad de reacción sería una causa derivada del anquilosamiento, que no el motivo del anquilosamiento, en este caso los dos primeros factores tendrían mucha más relación con el motivo de anquilosarnos, con el motivo de volvernos dinosaurios, que no en las consecuencias de todo ello.

Cuando somos pequeños, cuando carecemos de experiencia, para nosotros todo es nuevo, todo es un descubrimiento, cada día y cada cosa es una nueva vida, una nueva ilusión, con el paso del tiempo, al contrario, la acumulación de experiencia nos hace ser más cautos, más precavidos, más realistas y menos soñadores, y no hay que engañarse, hasta cierto punto es bueno, la inocencia y la bondad infinita, la ausencia de experiencias buenas o malas que nos moldeen ya no solo es una utopía, sino que es un riesgo para nosotros mismos y también supone una falta de evolución, ¿entonces donde se encuentra el termino justo?.

El termino justo se encontrara donde en base a la experiencia sepamos tomar mejores y más racionales decisiones, donde en base a la experiencia sepamos desarrollar cada vez mejor y más eficientemente todos los procesos que tengamos que gestionar, pero el termino justo se encontrara donde todo ello se haga sin perder ni un ápice de aquella mirada inocente de cuando éramos niños, de aquella mirada que no era acusadora, que no era sospechosa ni sospechaba de nada, aquella mirada que nos hacia soñar, aquella mirada que lo envolvía todo y no envolvía nada, aquella mirada necesitada de nuevas experiencias, aquella mirada que sabía que cada día era nueva experiencia, que cada día era un nuevo día por delante con 24h para aprender.

En Pymes y Autónomos | La mirada de un niño, la ilusión en nuestros negocios Imagen | ccordova

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