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El temple en los negocios

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Día a día nos encontramos con multitud de problemas, de sucesos que nos exasperan, de personas a las que no quisiéramos ver nunca más y que desgraciadamente tenemos que “aguantar” cada día. Día a día sufrimos mil y una vicisitudes, mil y un contratiempos que de no saber gestionar bien pueden avinagrar nuestro carácter, pero suceder además dos cosas mucho más graves: que afecte a nuestra salud y/o que afecte a la gestión de nuestro negocio o de nuestro día a día profesional.

Lo peor de no saber mantener la templanza y el equilibrio a lo largo de nuestras actividades profesionales (y también personales) es que puede tener consecuencias de incalculable importancia. Hemos de tener presente, que no es tan importante lo que la gente pueda pensar de nosotros si nos ve perder los nervios en según que momentos, como las consecuencias en nuestra salud y en la gestión empresarial o profesional.

No se trata de ser hermanitas de la caridad, no se trata de no saber dar la respuesta adecuada y contundente que en cada momento tengamos que dar. Se trata de ser todo lo contundentes y todo lo firmes que debamos ser pero sin en ningún momento perder la serenidad. La dureza y la firmeza no nos provocará un infarto, el mantener una postura desquiciada mientras pretendemos mostrar dureza y firmeza puede ser que sí.

Y no tan solo el infarto nos tiene que preocupar, también la misma gestión como decía de la empresa o de nosotros como profesionales. Pues contrariamente a lo que pueda parecer, mantener una posición completamente desquiciada y fuera de lugar, no nos hará ganar más puntos, ni ser más respetados, ni posicionarnos mejor en una negociación o conflicto, al contrario será una muestra de debilidad. Debilidad es excitación, desenfreno, todo lo contrario que dureza y contundencia medida, que firmeza, una firmeza segura con nosotros mismos. Eso nos dará puntos, nos dará respeto, y puede que en muchos casos la victoria, el gritar por gritar solo nos hará más débiles.

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