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No todo es franquiciable

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Tengo un amigo que dice que cuando baja el agua se ve quien está en pelotas. Traducción: cuando las cosas van bien todo parece maravilloso, todo es salvable. En cambio, cuando llegan los malos momentos, se ve qué funciona y qué no, lo que sirve y lo que no. Y llegado este punto, me debo ratificar en algo que siempre he sostenido, y es que no todo es franquiciable. Lo repito, por si alguien no lo entiende, o no lo quiere entender: que no todas las actividades se pueden franquiciar, leñe. No todo se puede clonar (os recomiendo Mis dobles, mi mujer y yo).

Hace tiempo, Presunto Culpable discurría sobre la idoneidad de la franquicia para una estrategia de expansión. Voy a matizar el arranque de su post. Decía que casi toda actividad empresarial es franquiciable. No lo sé. Lo que tengo claro es que las actividades profesionales lo son mucho más difícilmente. Y en estos días duros, tenemos algún que otro caso al respecto.

Me refiero al caso de las franquicias jurídicas. En algunos casos recuerdo como se les vendía a inversores explicándoles la bondad de desarrollar ese negocio sin ser abogados: pagas el canon, te montas el negocio con nuestra poderosa marca y el know-how que te damos, ontratas un abogado para que ejerza por ti y a facturar, así de sencillo. Evidentemente las cosas no son así, y todo ello se ha venido abajo.

Curiosamente algunas de esas firmas tenían también su enseña dedicada a la intermediación financiera, donde ha ocurrido tres cuartos de lo mismo. Allí donde es fundamental el factor profesional, el expertise de la persona que lleva tu caso jurídico, financiero, o el que sea, por ejemplo inmobiliario, la fórmula de la franquicia es difícilmente justificable. No la veo sinceramente, y el tiempo me ha dado la razón. No es lo mismo franquiciar una pizzeria que un bufete, no es lo mismo una actividad empresarial que profesional, aunque admito que puede haber zonas grises.

¿Y si es así, a qué se ha debido el éxito momentáneo de estas franquicias, cuál era su modelo negocio? Pues, por mucho que me pese, creo que el negocio de las franquiciadoras no era otro que el vender franquicias, y no el propio objeto de negocio, jurídico, financiero, o inmobiliario. De lo que se nutría la cuenta de resultados era de los canones, royalties y demás pagos de los franquiciados, cimentado en una estrategia publicitaria.

Por cierto, que en esta historia, quedan en muy mal lugar las consultoras de franquicias, esas empresas que asesoran en la expansión de las mismas, y que, básicamente se dedicaban a vender este tipo de modelos a potenciales inversores. ¿Acaso no veían lo que yo y otros vemos?

Vía | Blog de Gestión de Despacho de Abogados En Pymes y autónomos | Expansión mediante franquicia: ¿estamos ante la forma adecuada? enlace | Vídeo original YouTube

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