Inflación, subida de tipos y un escenario económico incierto, el cóctel explosivo perfecto para que se disparen los concursos de acreedores

Inflación, subida de tipos y un escenario económico incierto, el cóctel explosivo perfecto para que se disparen los concursos de acreedores
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A finales del mes de junio la moratoria concursal que se había decretado para ayudar a las empresas en dificultades a mantenerse después de la crisis del COVID llegó a su fin. Muchas no habían podido recuperarse del todo. Otras esperaban tener un buen verano para solucionar sus problemas. Pero lo cierto es que la inflación, la subida de tipos y un escenario económico incierto forman el cóctel explosivo perfecto para que se disparen los concursos de acreedores.

Para muchos sin un horizonte despejado lo más sensato será hacer un cierre ordenado y tratar de no acumular más deuda. Más todavía con las dificultades para la financiación, y una subida de tipos que la encarece, para poder pagar o refinanciar sus deudas a corto plazo.

Los concursos de acreedores crecen desde el mes de julio

Y es posible que sea todavía peor. Porque muchas pueden haber aguantado en verano, un momento del año donde algunas facturan la mayor parte de sus ingresos anuales, para ver si lograban equilibrar sus cuentas. Aunque haya sido un buen año y una buena temporada, saben que 2023 no será igual y esto lo complica todo.

A todo esto hay que sumar el encarecimiento de la energía que ha mermado el beneficio de muchas actividades y negocios. Han tenido una buena facturación, pero sin embargo esto no se traduce en los beneficios, con lo cual no se puede amortizar deuda.

Según los The Objective con los datos acumulados durante este año se han contabilizado un total de 718 insolvencias, un 90,5% más que en el mismo periodo de 2021. Si nos fijamos en los concursos presentados son 4.237 en lo que va de 2022.

Hay sectores como el primario donde se han multiplicado este tipo de problemas por 2,5, algo que no debe sorprender a nadie, ya que es uno donde más han aumentado los costes de producción, no solo por el aumento del coste de la energía sino también de los fertilizantes.

Si a esto le sumamos que el aumento de precios que sufren los consumidores no les repercute en igual medida a ellos, pone a muchas explotaciones en una situación muy difícil.

Pero lo peor está por llegar. El aumento de tipos, los salarios que no alcanzan cuando suben ni de lejos la recuperación del poder adquisitivo perdido o un mayor coste de la cesta de la compra hacen que el consumo, inevitablemente se retraiga. Y esto supone menor actividad económica y para muchos negocios una bajada de facturación.

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