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Un año sabático

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Más de uno lo habrá pensando por lo menos en una ocasión: ¿por qué no me voy un tiempo a Londres a estudiar inglés y así desconecto del trabajo?

Probablemente, al plantearlo surgen muchísimas dudas: la pareja, los niños, los ingresos, porque dejar de trabajar implica en la mayoría de ocasiones dejar de percibir una retribución que en muchos casos es de altísima necesidad, qué voy a hacer cuando vuelva, y muchísimas más.

Pero, ¿Y si puedo tomarme ese tiempo para mí? ¿Qué puede suponer para mi futuro?

Navegando por la red he podido leer dos artículos relacionados con los efectos positivos que supone desconectar del trabajo diario.

En el primero Carlos Mantero hacía referencia a la necesidad de todo emprendedor de tomarse un tiempo de desconexión, en este caso unas merecidas vacaciones, dando 10 razones, bastante obvias, aunque no por ello menos interesantes. Porque a veces es necesario que nos repitan una y otra vez cosas que ya sabemos, desde el simple hecho de que necesitas más tiempo para ti y los tuyos, hasta que un pequeño periodo de vacaciones influye positivamente en tu creatividad.

Pero yo quiero ir más lejos, quiero llegar al periodo sabático, que va un poco más allá de las vacaciones, pongamos, por fijar un plazo, un periodo no inferior a dos meses. Podía leer hace unas semanas en el suplemento Mercados del diario El Mundo, como poco a poco se está implantando la cultura de los periodos sabáticos en el mundo empresarial.

Y no me extraña, estamos ante una forma de trabajo, que en muchos casos será intensiva o no, pero en cuanto a la jornada, en muchas ocasiones resulta totalmente extensiva.

Nuestro trabajo nos “come” más de 12 horas diarias, entre trabajo efectivo y desplazamientos, con lo cual queda muy poco tiempo para dedicar a cosas que realmente nos gustan o que nos puedan ayudar a crecer personalmente.

Este mismo artículo reflejaba la experiencia de Jesús Vega, conferenciante y escritor, el cual de forma muy ilustrativa decía:

“Tienes la sensación de recuperar la libertad de cuando eres niño, sin cole»

Desde las grandes empresas la posibilidad de facilitar a sus empleados dichos periodos sabáticos, ya sean retribuidos o no, es visto como un signo de flexibilidad, y recogen que un cambio de aires temporal para el empleado puede suponer que el mismo vuelva con las pilas cargadas y con alguna experiencia aplicable a su trabajo.

En las Pymes, debido al escaso personal en plantilla, es más difícil poder llegar a este punto, pues la participación de todos y cada uno de los empleados es muy importante.

Pero para un Emprendedor puede resultar francamente estimulante el hecho de viajar, conocer otro entorno, otras formas de hacer las cosas, y a su vuelta poder ver su antigua rutina diaria con otros ojos, con otras ilusiones añadidas, y seguro que siempre podrá aplicar algo de lo visto o aprendido a su negocio.

¿Te atreves a dar el salto?

Vía | Carlos Mantero | El Mundo

Imagen | bjearwicke

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