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Mamá, quiero ser empresario

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El viernes publiqué una entrada en la que trataba el cambio cultural que se ha de producir para que nuestros jóvenes puedan contemplar el emprendimiento como una opción real para acceder al mercado laboral. Como indicaba las instituciones educativas han de ser protagonistas, no voy a ocultar mi recelo a la actitud de los educadores, y por supuesto, el entorno familiar.

En este último caso, no quiero pasar por alto como reaccionan los padres la mayoría de las veces y por eso quiero plantear un caso concreto. En mi caso particular tengo varios sobrinos, el más pequeño de once años es un fanático de los video-juegos online y por lo que se vé ya ha transcendido la etapa de jugador y necesita algo más.

El contexto familiar de mi sobrino predominan los emprendedores, tiene tíos por la rama paterna que son empresarios de éxito en California y en España dedicándose a distintas clases de negocios. Por la rama materna, yo mismo tengo un negocio con mi pareja. Por último, los padres, que trabajan por cuenta ajena.

Hace unos días pude estar presente en la conversación de mi sobrino con mi pareja, que es teleco, y me llamó la atención el tema, ya que quería conocer qué plataformas debía aprender para poder programar sus propios juegos y colgarlos en la red. Después de que mi pareja terminara de explicarle que formación requería para poder hacerlo, no pude evitar meterme en la conversación para poder conocer su idea.

Así de rotundo, el niño se quedó de piedra de que alguien prestase atención a lo que quería hacer, soy incapaz de describir su expresión cuando le dijimos que si su idea nos gustaba y que podía contar con nosotros como socios y que le ayudaríamos tanto a desarrollarlo, financiarlo, comercializarlo y explotarlo. Obviamente, explicándole qué es cada uno de estos conceptos porque evidentemente un niño desconoce todo lo que implica llevar a la práctica una idea.

Con la emoción del momento le comentó a sus padres lo que quería hacer, sin embargo, le dijeron que se dedicase a estudiar y cuando fuese mayor ya emprendería. Este planteamiento me obliga a reflexionar si, en efecto, hay una edad para emprender. Yo sinceramente, no lo creo y con esto no quiero decir que desee que mi sobrino no se escolarice y se ponga a montar distintos negocios. Sin embargo, si que considero que su entorno ha de ser receptivo a las propuestas que plantee y estimularle a lo que haga y si las ideas son convincentes implicarnos para lograrlo.

Imagen | michael_bryant En Pymes y Autónomos | A qué edad emprender, Smart Bell: de lo simple a lo genial... y creado por un niño de 13 años

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