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Ayer comentaba que el reconocimiento de Desigual como Emprendedor del Año 2011. Tratar ell caso de esta empresa realmente merece la pena por lo llamativo y particular de sus orígenes allá por los años ochenta en Ibiza, lugar en el que decidió instalarse su fundador Thomas Meyer.

El proyecto tuvo su inicio en una partida de 3.000 pantalones vaqueros que se quedaron sin vender y por la necesidad de Meyer por darles salida, lo que le motivó a fabricar cazadoras con los retales sobrantes de los pantalones. La prenda resultó ser un auténtico “blockbuster” durante varias temporadas.

La juventud de Meyer y la escasa capacidad de producción de su negocio llevaron a la empresa en sus comienzos a estar en serios apuros, sin embargo, la experiencia sirvió para sentar las bases del triunfo de Desigual. El gusto por los retales y los grafismos siguen intactos en los diseños hasta el punto de convertirse en las señas de identidad más características de la marca.

La unión de este diseñador rebelde, cuyo espíritu inconformista impregna todos sus diseños, con Manel Adell, quien se incorporó en 2003, cuando la empresa comenzó su gran expansión y empezó a tener cifras de facturación multimillonarias. En la actualidad la compañía continúa con programa de expansión internacional y las ventas en el exterior suponen más del 50% de facturación. Además de los mercados europeos, Desigual está desarrollando mercado en EEUU y Asia.

La clave de su éxito hay que buscarla en su estética transgresora, tanto de marca como en su gama de productos, tal es el caso de sus líneas “La vida es chula”, “Better and better”, “Me and you”, etc., donde se remarca la necesidad de diferenciarse y no dejarse llevar por la multitud.

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