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Resulta fácil hablar de un tema cuando lo vives día a día. Sé que hay mucha oferta de cursos e-learning que dejan mucho que desear. Sus precios son elevados y cuando has dado el paso de inscribirte en uno, descubres que no tienes ese tutor que iba a estar pendiente de ti las veinticuatro horas. La comunicación es escasa con el profesorado y la sensación de soledad y de que te han timado es fuerte.

En mi caso soy profesora y pronto empezaré a ser alumna (de nuevo) Me gustaría contar los aspectos positivos y alguno negativo, sobre esta nueva forma de mejorar nuestra formación. Sé que la UNED existe desde muchos años, y saldremos en defensa de la formación a distancia vista desde el otro lado pero sin olvidar esas plataformas donde ofrecen cursos a distancia hasta para aprender la danza del vientre, verídico.

Un trabajo invisible

El formador a distancia trabaja a solas, frente a un ordenador consultando muchos documentos, libros y rescatando apuntes. Tiene que ser disciplinado porque su labor la realiza en casa. Además de contar con una pizca de creatividad para que la temática no solo sirva para que el alumno aprenda, sino ya que ha de hacer el esfuerzo de compaginar estudios con trabajo u otras actividades, le resulte amena la experiencia.

Tiene que practicar la empatía. ¿Qué me gustaría ver como material si fuera el alumno? Entonces es cuando comienza a documentarse si cabe más. El temario es complicado. Tiene que recoger mucha información (como los expertos en espionaje) y pasar horas dándole forma a todo ese contenido. Conseguir que esté estructurado y con un orden coherente es un trabajo que requiere atención, leer varias veces lo que escribe y, sobre todo, requiere implicarse al cien por cien.

Ofrecer calidad y cantidad

A veces estos dos conceptos pueden ir de la mano. Tienes ante ti un curso a nivel universitario, por poner un ejemplo. Una vez has puesto rostro a tus futuros alumnos, hay que pensar en el material del que dispones. A ver, tema uno, contiene cuatro subapartados, material de apoyo, vídeos que ilustran el tema de la semana y además dos pruebas. Una consiste en desarrollar unos conceptos y la otra es práctica y la haremos juntos.

En ocasiones ya existe por parte de la empresa una guía de estilo y el profesor se limita a cumplirlo. No es criticable, pero personalmente a mí me gusta-sin saltar las normas- incorporar algo de “mi cosecha”. Recomendar una película, crear más material del que necesitan, por si acaso tienen alguna duda o simplemente, por el placer de ampliar sus conocimientos y a la vez, los míos. Es estupendo además que las preguntas fluyan por su parte.

Al alumno no se le deja solo

Me han contado personas allegadas que tenían infinidad de dudas en un curso, y que pasadas setenta y dos horas no habían recibido una respuesta. Es difícil de entender que una persona que se compromete a ser el guía de otros, a través de un medio un tanto frío como Internet, sea capaz de permanecer callado durante tanto tiempo. Es una falta grave. Y un escaso compromiso como docente.

Un profesor o un formador está obligado a contestar en veinticuatro o cuarenta y ocho horas como máximo. Y tener una idea clara: no dar por sentado que todas las personas que tiene en su curso saben cómo funciona todo. Hay muchísima gente que por vergüenza es incapaz de dar a conocer su grado de desconocimiento y, ni tan siquiera el estar tras la pantalla les alivia ese temor a hacer el ridículo. Por esta razón no preguntan, o bien desaparecen a mitad del curso.

Por esta razón, es conveniente que exista un apartado de preguntas frecuentes y además, que se cree un foro donde el profesor pueda atender de manera individual las dudas que tenga un alumno.

Confianza y buen ambiente

Puede parecer complicado pero se puede generar un ambiente cálido y cordial en un grupo virtual. No importa que uno viva en Canarias, otro en Colombia y así hasta todos los países del mapa. Si generas un espacio donde ellos puedan charlar como si estuvieran en una cafetería, en un tono distendido donde los estudios queden en un segundo plano, estarás fomentando las relaciones personales, el que se relajen y comprueben que todos tienen problemas similares.

En cuanto veamos que una persona deja de aparecer por la plataforma, no entrega los ejercicios y comprobamos que no ha entrado hace más de cuatro días, debemos ponernos en contacto con él. Enviar un correo es lo ideal. Con delicadeza y sin inmiscuirnos en su intimidad, debemos hacerle saber que se le echa de menos, preguntar si tiene algún problema y que, por supuesto, no dude en que podrá recuperar el tiempo que ha estado fuera. Estamos a su disposición.

La formación a distancia es un regalo para muchas personas

Tendemos a pensar en general. De manera global, en un espacio donde todos son semejantes a nosotros y a nuestro entorno. Muchas personas tuvieron que dejar de estudiar y el método a distancia es la mejor y única opción quizás. Otros viven en lugares apartados y tener Internet se ha convertido en su salvación, puesto que pueden aprender exactamente igual que quien puede asistir a un grado de Formación Profesional, estudiar una carrera, o complementar unos estudios. Sea cual sea el motivo no hay duda de que es una buena alternativa.

Pero no me olvido. El fraude-como en todo- también está presente en la formación a distancia. Por ello, es recomendable antes de elegir un curso, buscar información sobre el profesorado, opiniones de antiguos alumnos, referencias en páginas especializadas sobre el centro que hemos escogido.

Comparar y sobre todo, una vez que hayamos elegido preguntar todas las dudas pertinentes antes de pagar. La paciencia es el secreto para que esta aventura funcione. Tanto por parte del que imparte las clases como del que está pensando en dar el paso.

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Imagen|Cedim News

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