
¿Quién no ha tenido que lidiar alguna vez con una ventanilla o mostrador tras el cual estaba un funcionario?
Todos hemos tenido en alguna ocasión que pasar por semejante situación, y hay experiencias o anécdotas para parar un tren. Puedo dar fe que hay funcionarios de atención al público altamente eficientes, amables y bien preparados que son capaces de resolver cualquier duda que puedas tener o en caso contrario, dirigirte hacia la persona responsable.
Pero claro, también hay aquellos otros que no tienen esa vocación profesional de servicio público, y tu presencia parece que les “importuna”… como mínimo. Aquellos que cuando presentas una solicitud y te has dejado por marcar una casilla, o falta aportar un documento, sonríen y entonan aquello de “vuelva Vd. mañana”.
Os imagináis diciendo a un cliente: “Mira Juan, como no tengo el albarán, no te lo puedo hacer, es imposible, tendrás que venir otro día”, más bien le aportaréis soluciones, “no te preocupes, hazme llegar un mail o fax, con esa información lo solucionamos”, etc…


Si creías que conocías todos los factores para emprender un proyecto empresarial quizá pueda sorprenderte con uno nuevo: conseguir puntos para una oposición pública. Esta es la historia. Érase una vez un grupo de eternos opositores que, con el temario estudiado, esperaban año tras año por la bolita mágica o una legislación más favorable para los libres. Repaso de los temas durante la semana y quedada con los compañeros de oposición uno o dos días y así mes tras mes. Entre medias, cursillo aquí, cursillo allá, para sumar puntos en el concurso-oposición.