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El ombligo de los emprendedores

El ombligo de los emprendedores
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La inmensa mayoría de los emprendedores tiene un ombligo precioso, o eso es lo que ellos piensan, de hecho se pasan la mayor parte del tiempo mirándoselo, cuidándoselo, ... Si tienes otros recursos no suele haber problema, pero la cosa se complica si pretendes que tu ombligo te dé de comer.

El emprendedor piensa que al resto del mundo su ombligo le parecerá maravilloso y podrá explotarlo de alguna manera. Cree que la gente pagará por verlo; que alguien se fijará en él, se quedará enamorado y le propondrá algo para ganar dinerol o que algo surjirá en cualqueir momento que encumbre a ese maravilloso ombligo... El emprendedor sólo tiene ojos para su ombligo y no importa el resto del mundo, ni sus reglas ni lo que se cuece en él, ese ombligo es tan especial que está por encima de todo.

Pero cuando se habla de dinero la cosa es muy distinta a lo que el emprendedor piensa. A la gente le encanta ese ombligo pero no le hables de pagar por verlo, admás no basta con exhibirlo y hay que "venderlo". Hay que empezar a levantar la vista y ver lo que hay alrededor, hay que empezar a manejar palabras como clientes, proveedores, cobros, pagos, tesorería y el ombligo deja de ser el centro del universo.

De hecho ese ombligo es muy parecido, o igual, al resto de los ombligos, y cuanto antes se dé cuenta el emprendedor de eso mejor para él. Por supuesto hay una fase inicial en todo proyecto donde todo es maravillloso y pensamos que el mundo se pondrá a nuestros pies, esa fase inicial puede durar días, meses, incluso años y hasta puede darse el caso de que ese ombligo sea realmente especial, pero en la inmensa mayoría de las veces habrá un momento en que la relación platónica debe terminarse y pasar a algo más terrenal.

Por supuesto no hay que perder la iniciativa y la ilusión por un nuevo proyecto pero eso no debe cegarnos. No hay recetas mágicas para el éxito, cada caso y cada experiencia es distinto. Pero casi estaría por asegurar que sí que hay recetas para el fracaso y mirarse al ombligo está más cerca de la segunda que de la primera.

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