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Que vivimos rápido, que comemos, leemos, pensamos y lo queremos todo para mañana es algo que ya forma parte de nuestro comportamiento a nivel social e individual. Si a estos nuevos hábitos de inmediatez enfermiza unimos un ambiente un tanto hostil, apático y negativo, la fórmula da como resultado: ciudadanos que olvidan unas mínimas normas de cortesía. El “por favor” o el “gracias” tienen el mismo impacto positivo que una sonrisa.

Los empleados en trabajos de cara al público lo saben bien. Cuando tienes ante ti a una persona malhumorada que cree que quien está al otro lado del mostrador forma parte del mobiliario, empieza el problema. Es más que probable que aunque le ofrezcas lo que ha pedido, encontrará alguna razón microscópica para lanzar a los cuatro vientos su queja, rabieta o lo que le venga a la mente. Ese cliente ha olvidado que delante suya tiene a un ser humano, que trata de hacer bien su trabajo con respeto y eficacia.

Nunca creí que llegaríamos a estos extremos pero según he leído, en algunas cafeterías francesas han decidido rebajar el precio del café 20 céntimos si éste se pide “por favor”. Una norma de educación que muchos clientes parecen haber perdido y que los dueños de los establecimientos de hostelería padecen más que ningún otro comercio. Resulta llamativo que tengamos que acudir a esas técnicas de marketing. El individuo desquiciado en este clima de tensión y mensajes negativos, ha olvidado que con un “por favor” se puede llegar muy lejos. Y las malas caras sólo conllevan más apatía y enfado.

En España tenemos ejemplos de bares que colocan carteles donde se prohíbe hablar de la crisis. De hecho, la palabra está tan interiorizada por los europeos (algunos) que la empleamos como reclamo para la venta: precios anticrisis, para poner nombres a tiendas: conozco una “Crisis toys” una tienda de juguetes que parecía llegar para unas navidades y todavía sigue abierta.

Tenemos “Muebles Anticrisis” y hasta particulares que se anuncian como “informáticos anticrisis”. Por lo visto, en Francia han decidido optar por las consecuencias en sus deprimidos y enfurruñados clientes que ha hecho mella la famosa crisis: las normas de cortesía básicas.

Porque si bien el cliente es una de las piezas más importantes de una empresa, éste debe saber que “no siempre tiene la razón” y que, tal y como están las cosas, él puede verse en el lugar de esa persona a la que ni se digna a mirar a la cara y ni tan siquiera saludar. Nuestros vecinos siempre han tenido fama de utilizar el “s’il vous plaît” en exceso pero los tiempos cambian que es una barbaridad y por una dosis de educación, tu café pasa de dos euros a uno con ochenta. ¿Me rebajarían otros veinte céntimos si además acompaño al por favor con una sonrisa? ¡Nunca se sabe!

En Pymes y Autónomos|A vender, que hay crisis,El cliente NO siempre tiene la razón

Imagen|Kasansass (bicho creativo)

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