Nuestro negocio necesita una buena historia

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Estamos de finde y vamos a afrontar un tema serio con humor, concretamente el de la necesidad de una buena historia para nuestro negocio. Y para ello voy a partir de una crítica que en 27, The Black City lanzan contra la modernidad, o mejor dicho, la postmodernidad mal entendida.

En la entrada sostienen que no siempre hacen falta florituras para que un plato entre por los ojos. Efectivamente, pero la necesidad de una buena historia, de un mensaje detrás de ese plato, de ese coche, o de cualquier producto o servicio es difícilmente objetable. Algo de lo que ya hablamos aquí hace tiempo.

Os recuerdo la entrada Hay tanto que contar, a propósito del (cantado) fracaso de aquella primera OT en Eurovisión. Los españoles compraron una historia de superación, de empatía, un melodrama almibarado que nadie se encargo de vender al resto de los europeos. Y luego pasó lo que pasó.

A la hora de hacer una presentación es habitual que los expertos te recomienden menos powerpoint y más recursos de cuentacuentos de toda la vida, como el viejo esquema del viaje del héroe u otros. Si tenemos una buena historia que contar los medios técnicos son lo de menos.

En el Arte de Presentar son apasionados de esta teoría, y recientemente han recogido en una entrada seis charlas de TED al respecto, dedicadas a como construir buenas historias, como ésta de Stanton.

Por supuesto, dicha idea trasciende el mundo de las presentaciones. Cuando vendemos un producto, un servicio, vendemos nuestra marca, nuestra empresa, nos vendemos a nosotros, y con ello vendemos una historia, una ilusión. A todos nos gusta comprar un buen relato, y si nos gusta mucho nos convertiremos en activos evangelistas de esa marca, replicaremos ese relato: miembros de una comunidad, vendedores sin nomina, constructores de un sueño empresarial compartido.

Por tanto esa historia que nos cuentan (y nos venden) los cocineros de la nueva gastronomía o cyberprofetas como Jobs no son malas, son imprescindibles. El problema viene, como parece señalar Leo, cuando el producto o servicio no está a la altura de las expectativas generadas, cuando es un bluff, un aire empresarial. Pero esa historia, la de la gestión de las expectativas, merece otro post.

Vía | 27, The Black City
En Pymes y Autónomos | Recopilación de historias y metáforas empresariales de 2011

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