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Los costes ocultos del software "pirata"

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Adquirir un ordenador nuevo, ya sea portátil o sobremesa, supone un coste normalmente elevado, puesto que la mayoría de autónomos y pequeños empresarios elegimos equipos con lo último en tecnología "para no tener que cambiarlo dentro de dos años".

Vamos añadiendo características y lo queremos con todo: "¿Tiene el office? ¿Y el Photoshop? ¿Traerá el Windows Vista ese que tiene de todo, no? ¡Ponme un antivirus, y que sea bueno!". La respuesta a todas estas preguntas del vendedor, en muchas tiendas de informática "de barrio", suele ser un alegre "¡por supuesto!".

Dejando a un lado que a ciertas empresas les interese o no éste tipo de prácticas, o la moralidad tanto del vendedor como del comprador, lo cierto es que instalar software sin licencia puede tener unos costes muy superiores al 0 que pagamos por él, y que variarán dependiendo del negocio al que nos dediquemos.

Falta de asesoramiento: dependiendo de la complejidad del programa en cuestión, es posible que en algún momento necesitemos ayuda para utilizar alguna de sus características, o para resolver alguna pequeña incidencia. Lo más seguro es que acudamos al vendedor que nos lo instaló que, también con total seguridad, no tendrá la menor idea de cómo solucionar el problema. ¿Moraleja? Llamar al fabricante, que nos invitará amablemente a pagar la licencia si queremos recibir ayuda.

El tiempo es oro: las empresas de software no trabajan por amor al arte, y protegen por todos los medios su trabajo e inversión (porque no olvidemos que lo que estamos haciendo al utilizar software sin pagarlo, es un robo en toda regla). Antes lo intentaban con claves, activaciones e incluso métodos más agresivos (como las USB KEYS), pero tras comprobar que sus sistemas de protección se siguen rompiendo, muchas han optado por un método más sutil: desactivar el programa tras un tiempo de uso. Así, una mañana cualquiera podremos encender el ordenador, conectarnos a Internet y comprobar (algunos horrorizados) que nuestro programa no se inicia ni reinstalándolo.

Dicho de otra manera, nos hace perder tiempo y además nos fuerza a comprar una licencia, ya que aprender a usar un programa nuevo nos costaría más tiempo si cabe. De nosotros dependerá evaluar el coste de tener unas horas, una mañana o incluso un día entero detenido nuestro negocio, pero seguro que no es 0.

¿Actualizaciones? No, gracias: aquí pasamos a palabras mayores. Los desarrolladores, con el tiempo, descubren fallos, incompatibilidades y problemas de seguridad, que solucionan mediante actualizaciones online. En la actualidad, cuando compramos una licencia de software, ésta queda almacenada en los servidores de la empresa en cuestión y se comprueba el número de licencia cada vez que intentamos actualizarlo. Si el número no coincide con el almacenado, directamente se nos niegan las actualizaciones.

Esto deja la puerta abierta a virus, troyanos y software espía, y puede suponernos unos costes incalculables: desde entorpecer y detener nuestra actividad (en caso de un error de software que sólo se pueda corregir mediante actualización, o de una incompatibilidad con algún dispositivo), hasta poner en riesgo nuestro negocio (en caso de un antivirus mal actualizado, que deje pasar a software espía, y por lo tanto, a que nos roben información confidencial y vital).

Éste tipo de protección es, además, casi imposible de "piratear", a no ser que tengamos acceso a los servidores de la empresa en cuestión y sepamos dónde introducir nuestra clave ilegal, trabajo que le dejamos mejor a James Bond...

Conclusión: Nadie nos obliga a utilizar software propietario (o de pago). Existen alternativas gratuitas a Office, como OpenOffice. Podemos instalar Linux en lugar de Windows, o excelentes antivirus también gratis. Lo que no se debe hacer es, siendo un profesional, utilizar las mejores herramientas y no pagar un céntimo por ellas, puesto que además de que a nadie le gusta que le roben su trabajo y nos puede costar más caro que si hiciéramos las cosas bien desde el principio.

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