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No todos los emprendedores son propietarios de un negocio

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Si se pidiera a la mayoría de la gente a definir la palabra emprendedor, muchos podrían imaginar una persona sola tal vez en su garaje o habitación de invitados a trabajar en algo que crees que va a revolucionar el mundo. Tal vez ven un nuevo dueño del negocio trabajando duro con la mayor parte de sus horas de vigilia dedicadas a convertir un sueño en realidad. Si bien alguno de estos escenarios hipotéticos puede ser verdad, creo que el empuje empresarial no puede limitarse por estas definiciones.

Los empresarios están realmente definidos por su forma de pensar, no por etiquetas o lo que diga en su tarjeta. Y cada vez resulta menos necesario tener que ser dueño de un negocio para ganarse la vida. Una persona inclinada sobre el escritorio en un cubículo en una gran corporación puede ser tan emprendedor como los exitosos emprendedores que la prensa muestra con frecuencia.

Sirva como ejemplo un director de una empresa consolidada [ponga aquí el nombre que quiera] que deben demostrar lo emprendedores que son, trabajando para motivar este pensamiento en sus empresas a lo largo y ancho del organigrama. Crear una cultura empresarial puede ser tan importante y relevante de cara al valor de la empresa y el dividendo para el accionista como haberla creado después de detectar una oportunidad de mercado.

Algunos de estos intraemprendedores están construyendo su mochila de experiencia pensando en el día en que puedan tomar el riesgo de iniciar sus propios negocios. Pero estos directivo/as pueden aportar mucho a las líneas de negocio de sus empresas. Transmitiendo con liderazgo la visión que todos los integrantes tienen que compartir para que la rentabilidad de la empresa se consiga. Si son muy claros en sus instrucciones al resto de la organización están consiguiendo que el éxito se comparta.

Una de las virtudes que tienen que explotar es dar la posibilidad y apoyar a que sus equipos experimenten. El éxito es siempre el objetivo, pero el fracaso tiene que ser visto simplemente como un paso hacia el éxito. Una de las lecciones más valiosas que pueden inculcar en la organización es cómo obtener el máximo rendimiento del equipo al dejar el "juego de la culpa" fuera de la oficina. Con la construcción de una cultura de errores y de prueba y aprendizaje.

Cuando las personas saben que tienen el poder de hacer una diferencia positiva a pesar de los errores que se generen dan lo mejor de sí mismos, y al final esa es la esencia de del pensamiento empresarial. Cuando el Responsable de una empresa puede inyectar algo de eso en cada persona de la organización todo el mundo gana.

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Imagen | Scott Schiller

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