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La importancia del fracaso

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Existe un modelo de profesional y un modelo de negocio que siempre he admirado y me ha fascinado, por una parte no hay modelo de negocio que admire más que aquel modelo exitoso que partió de la nada, aquel modelo que se inicio como se dice comúnmente de alguna empresa en un garaje o bien con un simple teléfono móvil y cuatro folletos imprimidos caseramente, pues es la máxima expresión de la creación del emprendedor, del empresario hecho a sí mismo, puede que sea un romántico, pero solo desde la búsqueda romántica de nuestros anhelos, lograremos nuestros anhelos más auténticos.

Y por otra parte y es la que quiero exponer en este artículo es la admiración por aquel profesional , por aquel empresario con quien un buen día en una conversación informal alrededor de un café te mira y con unos ojos brillantes y emocionados te dice “finalmente he logrado el éxito”, y es en este “finalmente” donde quiero poner el énfasis, pues podríamos entrar a valorar el nivel de éxito que ha adquirido, incluso podríamos filosofar con que seria para cada uno la definición de éxito, pero si hiciésemos eso desvirtuaríamos a aquel empresario, a aquel profesional que yo quiero honrar, que no es otro que aquel que se ha caído y que se ha levantado y que de tanto caerse y volverse a levantar un buen día te pudo mirar con esos ojos brillantes y emocionados y trasmitirte que había logrado el éxito, su éxito.

Y digo todo esto porque tener éxito es relativamente fácil, ya sea porque disponemos de los recursos suficientes para fabricarnos el éxito, o porque hemos tenido suerte en un momento o en una situación determinada o por cualquier otro motivo circunstancial podremos “triunfar” profesionalmente, si entendemos por triunfar el hecho de que nuestro negocio genere unos rendimientos económicos suficientes para que vivamos holgadamente, pero lo que no será tan fácil y que a la postre será la esencia del autentico éxito, es que además de lograr ese sentido de éxito, notemos realmente en nuestro interior la sensación de éxito, de misión cumplida.

Y esto último solo lo lograremos si nos hemos logrado desarrollar con sentido y para lograr un desarrollo con sentido hemos de entender que el desarrollo nunca es lineal, no es ni debe de ser plano, pues es esa dificultad, es ese factor sorpresa, ese factor respuesta o reacción, ese factor aprendizaje el que nos conforma y forma día a día, el que nos configura y completa con el paso del tiempo, el que auténticamente deja poso en nosotros, el que hace que nos sintamos orgullosos y participes de nuestra obra.

¿Esto significa que si empezamos nuestra carrera con recursos suficientes o bien con golpes de suerte que nos ayudan a alcanzar mayores cotas (y sin sufrir grandes complicaciones en el logro) esas cotas no valen o están desvirtuadas?, no, ni mucho menos, son dos factores que nos podrá ayudar a lograr nuestras metas pero que no nos formaran en el camino a nuestras metas, son “comodines” que podremos utilizar, pero la formación, el poso, la sensación esa interior tan particular y ese brillo en los ojos cuando hablemos de “nuestro” éxito, solo lo lograremos si sea cual sea nuestra realidad, ese camino lo hemos hecho con todos los avatares de cada momento y sobre todo si esos avatares nos han llevado abajo y arriba, por peligrosas selvas y tranquilas aguas, pero siempre adelante en nuestro camino.

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Imagen | adri021

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