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¿El empresario nace o se hace?

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Esta pregunta que ha llenado ríos de tinta y de la que se han escrito mil y un comentarios, yo más bien la plantearía en dos partes, primera, ¿la vocación, la profesión, es decir a aquello, el sector al que nos vamos a dedicar es innato o se adquiere y se decide a posteriori?, y segunda, ¿las habilidades directivas para desarrollarnos como empresarios son innatas o las adquirimos con el tiempo?

Digo esto y creo conveniente hacer esta diferenciación pues eso de hablar de si ser empresario es algo innato o no es algo muy general, muy etéreo, y el empresario no es un ente etéreo, el empresario simplemente es un sujeto que ha ido cubriendo etapas, un individuo que se dedica a una actividad sectorial concreta y que lo realiza bajo la forma estructural de una sociedad con lo que ello conlleva, pero no es otra cosa que un profesional que tenía interés o conocimiento sobre una determinada profesión, probablemente la desarrolló como empleado, probó fortuna por su propia cuenta como autónomo y si le funciono, creció y el interés sectorial y estructural lo requería le dio forma societaria, pero nada más y nada menos.

Por ello creo imprescindible tratar los dos temas por separado, ya que de no ser así se podrían dar situación paradójicas, pues o bien nos podríamos encontrar en el caso de aquel excelente profesional que domina y conoce a fondo un sector pero que carece de la más mínima iniciativa propia y habilidad empresarial para desarrollar esa actividad por su propia cuenta y menos en forma societaria, lo que probablemente le convertirá en un excelente empleado, en un excelente profesional para ese sector pero un nulo empresario si quisiese dedicarse empresarialmente, paradójicamente esto le llevaría al fracaso cuando si se dedica como empleado posiblemente será uno de los mejores de su ámbito.

Y por la otra parte nos podemos encontrar en el caso contrario, en el caso de un poco o nulo conocedor del sector y pésimo profesional pero un gran hombre o mujer de negocios, una persona con dotes innatos para la empresa y su gestión, en este caso es un poco diferente, pues si bien este a priori está condenado al fracaso pues por muy buen gestor de empresas que sea si no se empapa, ni domina su sector tiene muchas papeletas para el fracaso, pero este tiene la ventaja de que si sabe rodearse de buenos profesionales que cubran sus carencias en el sector y sabe liderarlos probablemente entonces el éxito lo tenga garantizado, en el otro esto también era posible (es decir, si ponía a alguien que le gestionase el negocio, pero no en el mismo grado)

Y de los dos, ¿Cuál nace y cual se hace? Según mí parecer todos nacemos y nos hacemos, es decir posiblemente ninguno de los dos podría hacerse en plenitud sino naciese con esos atributos, pero tampoco podría llegar al nivel de exigencia y excelencia requerido si por mucho que se nazcan unos atributos no se dedica uno a desarrollarlos, a “hacerse”, y eso lo considero valido en todos los casos, predomine más en uno u el otro el nacer o el hacerse.

¿Conclusión?, todos somos profesionales y empresarios a la vez, por lo que un buen equilibrio entre ambas dualidades nos será necesario, como útil nos será tener también un buen equilibrio en la balanza de lo que nos es innato y de lo que hemos adquirido.

En Pymes y autónomos | El coaching empresarial, realidad o mito
Imagen | procsilas

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