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El pequeño comercio esconde historias cercanas

El pequeño comercio esconde historias cercanas
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La insólita pasión del vendedor de lencería es un libro ambientado en Japón, y además un retrato de la presión que viven los trabajadores en las empresas niponas.

La protagonista es una mujer, y ella representa a ese perfil de empleado sufrido que, a la vez, debe dar explicaciones por permanecer soltera mientras trabaja como el que más. Pero lo reseñable es el lugar donde acude para charlar: un pequeño comercio.

Este no es un blog de literatura pero, destaco esta novela por el hincapié que hace en la relación cliente-vendedor de un comercio tradicional mientras nos muestra el paisaje consumista del país donde los centros comerciales, cómo no, gozan de una gran popularidad y afluencia de público.

Vender es un arte, ya lo hemos comentado en alguna ocasión, y los vínculos que se forjan con los dueños de esas tiendas de toda la vida son difíciles de romper. No hay más que observar que algunas personas cambian su lugar de residencia, pero vuelven a sus antiguos barrios para que les corte el pelo, su peluquero de toda la vida.

Ante la mejor y mayor promoción de marketing de una gran superficie, al otro lado, está el trato personal, el asesoramiento y la escucha activa por parte de ese dependiente que sabe que la atención al cliente es su mejor baza para que vuelva, quizás toda la vida.

Podríamos resumir esta nueva comparativa en que el pequeño comercio es el bueno de la película, o del libro. Un espacio que tiene clientes habituales en un barrio donde todos le valoran y un buen día, una gran superficie llega para cambiar esa relación. Pero no siempre es así.

En Pymes y Autónomos|El dilema de los pequeños comercios

Imagen|Juanan Ruiz

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