Desde el punto de vista de la actividad empresarial debemos hacer un gran esfuerzo en la planificación. Muchas acciones técnicas, comerciales, innovadoras o de gestión son el resultado de un sistema que sirve de apoyo para fijar unos objetivos, trazar unas estrategias para alcanzarlos y decidir qué acciones son las adecuadas para ponerlas en práctica. Pero más allá de ese ejercicio teórico, al final lo realmente valioso es la ejecución.
Las ideas geniales no valen nada si no se ponen en marcha, o se ejecutan mal y los proyectos empresariales revolucionarios y con unas espectativas fabulosas han de demostrarlo en el momento en que se ponen en práctica. Los proyectos no son buenos ni malos, ni mejores o peores que otros hasta que se transforman en realidades y ofrecen resultados.


