Viene a ser como los anuncios primaverales de El Corte Inglés, un eterno día de la marmota. Cada X tiempo, el diseñador de turno, el gurú de la moda anuncia la muerte de la corbata (cuando no el advenimiento de las minifaldas para hombres). Pero los muertos que ellos matan gozan de buena salud, y ahí esta una de los últimos vestigios de coquetería masculina resistiendo el acoso de los políticos iraníes, banqueros que van de modernos mientras les timan y de Sebastián.
Pues algo así sucede con su papel y, por extensión el del traje, en el mundo empresarial, laboral. Se pone el acento en que el traje viene a aborregarnos, a que nos convierte en un individuo masa, que es un uniforme, en que los tiempos están cambiando, en lo diferentes que parecen ser los mundos de aquellos que aún llevan hábito con perdón, y los que no.
Yo no lo tengo tan claro. Y me explico:

No son billetes, es una cartera. Hacer ostentación de dinero en tiempos de bonanza es de mal gusto, hacerlo en tiempos de recesión es reirse de la crisis. Un conocido diseñador de carteres hace de la contracorriente su seña de identidad. En el pasado ha llegado a presentar billeteras con forma de pasaporte o con conejitas de Playboy estampadas.
¿Cansado de buscar una idea que te solucione la vida? Una de las oportunidades de negocio más recurridas es estar atento a los vaivenes de la moda. El tandem “causa justa-espacio en los medios de comunicación” es perfecto para poner en marcha la maquinaria del merchandising. Y para muestra este botón. La polémica que se ha creado en torno a la marcha de la antorcha olímpica ha puesto de moda el emblema nacional tibetano. Los avispados comerciantes están haciendo su agosto antes de que empiece el verano. La rentabilidad del producto es tal que en algunos países como Alemania las telas llegan en avión en vez de en barco. El precio depende de la calidad: desde los 6,99 del precio de salida de ebay hasta los 480 del tamaño más grande en webs especializadas.