
Durante los últimos meses hemos oído hablar, y mucho, sobre cuál puede ser la mejor manera de financiar tu negocio. Las respuestas son muchas y variadas, desde las cuatro ‘efes’: friends, family, fools, and founders (amigos, familia, locos y fundadores), hasta el capital riesgo. Sin embargo, no se habla mucho de otra vía que puede ser muy efectiva si lo que buscas es empezar de cero: las ventas.
Es probablemente la mejor manera de financiar tu negocio aunque no por ello será la más sencilla. Incluso hay un nombre para ello: “Bootstrapping”, que viene del inglés (bootstraps) y significa “sin ayuda de nadie”. Y ese es justo el sentido de este término, supone comenzar tu propio negocio vendiendo tu idea y haciéndola funcionar desde el primer momento. Bajo la premisa de:“Si no tienes clientes, no tienes un negocio.”


Algunos comparan a los emprendedores, a los empresarios que van a lanzar un nuevo proyecto, con el Gollum del señor de los anillos o con el mosntruo de las galletas de Barrio Sésamo. Según ellos, en vez de estar centrados en lo que es la propia esencia del negocio, en la planificación y gestión del mismo, entran en un estado de trance en el que repiten una idea-concepto, una y otra vez. ¿Mi tesoro?, ¿galleta? No, el mantra que sermonean despiertos y en sueños es dinero-dinero-dinero.
El día que decidimos la marca o el nombre comercial de nuestra empresa, hemos conseguido una palabra o frase sólo eso. No nos aporta nada más. Si queremos explotar los beneficios que nos puede reportar, y crear una marca de primera línea tenemos que desarrollarla.