
Hemos de cuidar a nuestros clientes por encima de todo, bien. Hemos de ponerlos en el centro de nuestra estrategia y de nuestras atenciones, por supuesto. Hemos de hacer que se sienta a gusto con nosotros y le hemos de poner todo tipo de facilidades para que mantenga la relación comercial con nosotros, obviamente. Pero ni somos sus vasallos, ni hemos de decirle a todo que sí, al cliente también tenemos que ponerle limites.
Muchas veces he escuchado aquello de que “el cliente es la parte esencial de nuestro negocio”, de que “tenemos que hacer lo que sea para mantener a un cliente”, o de que el cliente diga lo que nos diga “siempre tiene la razón”. Yo no lo veo así, y ser unos simples siervos de los clientes puede poner en riesgo incluso nuestro negocio.


Se trata de una disquisición tan vieja como la del huevo y la gallina. ¿Dónde debe centrar sus esfuerzos una empresa? Unos defienden que en la captación de nuevos clientes. Otros que en el mantenimiento de la base de clientes actuales. Obviamente este análisis se plantea para un mismo momento. Esta claro que al inicio de un proyecto empresarial, todo va de captar. Pero,¿y cuando la empresa ya es madura y cuenta con una buena base de clientes?. La postura más políticamente correcta es la que manifiesta Alejandro, en