
El emprendedor no nace, se hace. Esto es así porque aunque una persona sea aventurada por naturaleza necesita ser educada para reforzar y ordenar los conceptos que le deberían llevar al éxito. En nuestro país llevamos muchos años entendiéndolo de otra manera alimentados por las experiencias de éxito fortuito.
Para que nuestro país sea capaz de regenerar su tejido empresarial necesitaremos algo más que dinero: poseer una población con ganas de ilusionarse y aprender. Es decir, tener esperanzas. Porque con ganas y deseo el camino es más recto incluso aunque no sea fácil.
“Querer” es en muchas ocasiones sustituida por “deber” pero aún en el caso de convertirnos en emprendedores forzados necesitamos ese deseo de prosperar e iniciar un nuevo proyecto. Encontrar aquel que nos ilusione y en el que podamos creer no es suficiente si no contamos con la experiencia o la formación necesaria para asegurar nuestros pasos pero sin duda es un primer gran paso.





