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Cuando hablamos de la crisis, de los problemas que tenemos para prosperar en el ámbito laboral y leemos el periódico, siempre nos encontramos con los mayores de cuarenta y cinco años, los jóvenes, etcétera. Pero ¿qué ocurre con un discapacitado intelectual? Forma parte de esta sociedad, tiene sus necesidades, derechos y deberes, pero con el problema de las subvenciones por parte de la administración ellos, si cabe, lo tienen todavía más difícil.

Según un estudio realizado por la Asociación FEAPS para el Empleo, más del 60% de los discapacitados intelectuales están en paro.La cifra es brutal. Sobre todo si la comparamos con la tasa de paro entre el resto de la población.

En estos momentos, este colectivo está viviendo severos recortes, como pérdidas en ayudas y subvenciones locales, impagos generalizados en varios Comunidades Autónomas (que alcanzan los 80 millones de euros en toda España), desaparición de empleo con apoyo y la falta de cobertura de la subvención salarial para Centros Especiales de Empleo. Esta situación pone en serio riesgo de exclusión a 14.000 personas con discapacidad intelectual o del desarrollo. Juan Cid, Presidente de FEAPS

Personalmente he tenido la oportunidad de ver crecer a un chico-ahora con más de veinte años- con una discapacidad intelectual que con ayuda de sus padres y familia, consiguió un puesto de trabajo por un año en el ayuntamiento; en estos momentos no sé qué será de él.Pero había que observar su cara y el orgullo con el que lucía su uniforme. Con tantos recortes y subvenciones que se han dejado de ingresar es más que probable que muchas de personas especiales lo pasen francamente mal. Tanto a nivel económico como personal.

Trabajadores invisibles

Tanto políticos como algunos empresarios ¡e incluso los ciudadanos! nos olvidamos de que existen personas válidas, que en lo único que se diferencian de nosotros es que son distintos, pero ¿acaso no lo somos todos?. Ser únicos es lo que nos hace especiales. Estos días, en realidad ya llevan meses, una asociación llamada APSA generan empleo y aportan apoyos a los futuros trabajadores y a sus familias, pero para ello no dejan de lado la reivindicación.

Las recientes reformas a las que ha sido sometido el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, están poniendo en peligro la consecución del derecho a vivir de forma independiente y a ser incluido en comunidad.

Aunque a pesar de la lucha que mantienen estas asociaciones y todo el colectivo, me gustaría destacar una noticia positiva que demuestra la valía de una persona, sea cual sea su capacidad física o intelectual: según Ethic Un 32% de personas discapacitadas tiene responsabilidades familiares: la mitad mantiene su hogar gracias a su trabajo. Sí, porque tener un problema de movilidad o intelectual no es obstáculo para muchos hombres y mujeres a la hora de formar una familia, y si a ti o a mí nos cuesta conseguir un empleo a ellos les pondrán más trabas.

Un 54% de las personas con discapacidad con responsabilidades familiares no compartidas sí tiene empleo actualmente, casi todos ellos a jornada completa (71,3%), frente a un 28,7% que trabaja a tiempo parcial. Ese dato es importante pero lo sería más si no fuera por estas cifras que vierte la Fundación Adecco Francisco Mesonero:

Según una encuesta realizada a 782 personas con discapacidad, de entre 18 y 60 años, de los cuales, un 32,2% cuenta con responsabilidades familiares. La mayoría de ellas son mujeres (57,4%), y la discapacidad más habitual es la física (70,3%), seguida de la sensorial (20,1%), la orgánica (5%) y la psíquica (4,6%). Asimismo, la mayoría tiene entre 36 y 45 años (72,3%), seguido de un 18,2% que tiene más de 45 años y un 9,5% que tiene entre 18 y 35 años.

¿Cuál es la solución?

Por parte de la sociedad me atrevo a afirmar que un tanto por ciento elevado es conocedor de la problemática, quizás si no les toca de cerca lo vean como una injusticia ajena a ellos. Somos así. Gracias al esfuerzo de muchas asociaciones y el ruido que hacen con sus protestas, esa visibilidad se hace patente cada día más.

A pesar de todo, la solución pasa por cuestiones sencillas que en estos momentos se han convertido en verdaderas barreras. Los recortes no conocen de historias personales ni de familias, y ahí es donde la angustia se apodera de este colectivo con ganas de hacer cosas y llevar una vida digna.

Otro dato que me ha sorprendido de la anterior encuesta: “Es de destacar el hecho de que un 27,9% de las personas con discapacidad y responsabilidades familiares, que trabajan, no ha comunicado su discapacidad a la empresa, bien porque no ha surgido (18%), o bien por temor o inseguridad (9,7%)” Ocultar lo que forma parte de ti, quien eres en definitiva, no es ni justo ni lógico. Aunque hablar es fácil y supongo que habrá que ponerse en la piel de estas personas cuando los despidos están a la orden del día.

Si conoces a alguien interesado en noticias de última hora (protestas, eventos, ofertas de empleo) aquí pueden encontrar información. Afortunadamente los héroes en los que deberíamos fijarnos están unidos y juntos es más que probable que consigan lo que merecen: los mismos derechos.

Un ejemplo: el objetivo general de los centros como el Área Residencial es el de proporcionar un recurso de alojamiento, convivencia y soporte lo más normalizado posible. Así como mantener y mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual, consolidando su estilo de vida autónomo y favorecer la normalización e integración y la permanencia en su entorno habitual. Es más que comprensible ¿verdad?

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