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Los derechos y obligaciones, también para los familiares

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Algunas veces he dicho que las empresas familiares pueden suponer una teórica realidad bucólica, pero que en realidad en muchas ocasiones suponen una real realidad no tan agradable, especialmente si no se saben poner las normas y los límites claros a los familiares que trabajen para nosotros. Y es que las normas deben de ser iguales para todos.

Y es que personalmente (y muchos de los lectores y lectoras que me sigan en esta tribuna desde ya hace tiempo sabrán que lo he comentado en muchas ocasiones) provengo de una familia en la que precisamente límites a los familiares que trabajaban para la empresa familiar de la que todos “chupaban del bote” no se sabían poner.

Una cosa es tener un trato agradable y dúctil con todos, una cosa es mostrarse abierto o incluso dar ciertos beneficios a los familiares que trabajan para nosotros, ¡y otra cosa es dejarles hacer lo que les venga en gana!, y es que en todo caso bueno, dúctil, negociador, y ayudar se tiene que hacer con todo el mundo, no sólo porque sean familiares.

Y es que ser familiar, no te da derecho entrar o salir del trabajo cuando te da la gana, y es que ser familiar no te da derecho a irte a sentar a la silla, y es que ser familiar no te da derecho a ir a cobrar un salario sin hacer nada, sólo porque papa, el abuelo o quien sea ha dejado y se deja la vida en ese negocio.

Ser familiar, al contrario, te debería obligar, te debería incitar a ser más responsable y más implicado por el bien del negocio. De lo contrario muy buen familiar puede que no sea, puede que entonces la única definición por mucha madre, padre, tía, hermano cuñado o familiar que sea sólo tenga una definición: vividor o vividora.

En Pymes y autónomos | Empresas familiares: cómo tiene que despedir un padre a un hijo Imagen | rafa_uoc

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