
Algunas veces he dicho que las empresas familiares pueden suponer una teórica realidad bucólica, pero que en realidad en muchas ocasiones suponen una real realidad no tan agradable, especialmente si no se saben poner las normas y los límites claros a los familiares que trabajen para nosotros. Y es que las normas deben de ser iguales para todos.
Y es que personalmente (y muchos de los lectores y lectoras que me sigan en esta tribuna desde ya hace tiempo sabrán que lo he comentado en muchas ocasiones) provengo de una familia en la que precisamente límites a los familiares que trabajaban para la empresa familiar de la que todos “chupaban del bote” no se sabían poner.



