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Humor. Niño emprendedor.

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La historia que voy a contar es ficticia, aunque es probable que alguien conozca alguna parecida.

Como puede pasar incluso en las mejores familias la historia empieza con una pareja haciendo el amor en un dormitorio, el sonido de unas llaves en la puerta sobresalta a la pareja.
Rápido escóndete en el armario que seguro que es mi marido – pide la mujer susurrando.

El hombre se apresura a esconderse en el armario y cierra la puerta. Un hombre fornido, que fornido, un armario ropero parecía aquello, entra en la habitación y al mismo tiempo, desde dentro del armario una vocecilla susurra: ¡vaya, que oscuro está aquí!

-¿Niño que haces tu aquí dentro? – Viendo lo que hacías con mi mamá. – De acuerdo, pero guarda silencio, como tu padre me vea aquí me deshace. – Si quieres que guarde silencio me tienes que comprar esta pelota de beisbol, por 20 euros. – ¿Veinte euros, pero si ni siquiera es de cuero? – Treinta euros o le digo a mi padre que estás aquí. – ¿pero no eran veinte? – Si pero se revaloriza muy rápido, son cien euros. – ¿cien? vale toma, que al final me va a salir bien caro tu silencio.

A la semana siguiente se repite la misma escena, y el mismo hombre acaba en el armario de nuevo. – ¡Vaya, que oscuro está aquí! – ¿Tú de nuevo? – Si, y si no quieres que te descubra me tienes que comprar este bate por 100 euros. – ¿150 euros? pero si te di 100 por una pelota que no valía nada. – Vale por ser para tí te lo dejo en 150 euros…. – Vaya chantajista que estás hecho, toma los 150 euros.

A la semana siguiente se repite otra vez la misma escena, y el mismo hombre acaba en el armario de nuevo. – ¡Vaya, que oscuro está aquí! – ¿Tú que pasa, vives aquí dentro? – Casi, y si no quieres que te descubra esta vez me tienes que comprar este guante por 250 euros. – ¿250 euros? toma, mejor no replico que ya sé como negocias tú.

Llega el fin de semana y el padre del chaval le dice al hijo. – Vamos hijo, aprovechemos este soleado día y vamos a jugar al beisbol con la equipación que te regalé. – No podemos papá, vendí la equipación. – ¿Como que la vendiste, por cuanto? ¿A quien? – Por 500 euros, a un señor que conocí que no quería salir del armario. – Hijo, está muy feo engañar así a la gente, ahora mismo vas a la iglesia a confesarte. Engañar es un pecado muy feo.

El niño va hacia la iglesia y se mete en el primer confesionario que encuentra. – Hola hijo dime, ¿cuales son tus pecados? – Vaya, padre, ¡que oscuro está aquí! – ¿Cómo me has encontrado pequeño estafador?!! ¡Largo de mi vista!!.

En Pymes y Autónomos | La importancia de que los emprendedores triunfen
Imagen | Germán R. Udiz

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