Dicen las estadísticas que la primera generación levanta una empresa, la segunda la administra y la tercera la dilapida. Aparentemente este axioma va contra toda lógica porque los recursos y estudios de los que disfrutan la segunda o la tercera generación son muy superiores a los de la primera pero lo cierto es que los masters y la formación no pesan lo mismo que el empuje de los pioneros empresariales.
Todo ello sin contar con la complejidad de las relaciones en la familia. Quien ha trabajado para o con un familiar sabe perfectamente que es muy difuso el lugar donde acaban las relaciones personales y empiezan las profesionales.
